Honrar la Medicina

Los despidos arbitrarios a especialistas, jefes de servicio, personal de Enfermería, de distintas generaciones, afectan no solo la fuerza laboral, sino también la enseñanza de los estudiantes de Medicina y de especialidades

Es la hora de la sensatez, no de la turbación. La represalia no es más que un instrumento de venganza. En principio pareciera una manera de afirmar la autoridad; sin embargo, lejos de eso, la deslegitima ante los que la sufren y ante los que la observan. La represalia generalmente va precedida de la amenaza.

El cuerpo médico nacional está sufriendo en estos momentos la represalia, producto de decisiones verticales obnubiladas, que surgen en medio de la crisis que aflige al país envuelto en protestas nacionales que han sido sofocadas violentamente por la Policía y paramilitares y que han devenido en una hecatombe de muertos y lesionados que han sido atendidos por los médicos vocacionales y confesos al juramento hipocrático, independientemente de sus credos políticos o religiosos.

Hay decenas de médicos perseguidos y algunos han tenido que huir a otros países. Los despidos arbitrarios a especialistas, jefes de servicio, personal de Enfermería, de distintas generaciones, afectan no solo la fuerza laboral, sino también la enseñanza de los estudiantes de Medicina y de especialidades. No hay que olvidar que los médicos funcionamos mediante una especie de jerarquía consustancial a nuestra disciplina académica, en la que nuestros maestros, jefes de servicio y formadores constituyen una élite que respetamos.

La universidad, vivero de ilusiones, conceptualizaciones, pasiones e ideologías nos ha cobijado a todos, enseñándonos que la diversidad en el pensamiento y la tolerancia con el disentir del otro constituyen la base de una sociedad auténticamente libre y la práctica de este principio viene a ser “cemento” de unidad. La retórica puede ser pueril o copiosa, no importa… siempre y cuando sea apegada a la verdad; puede ser emotiva… siempre que se mantenga en la frontera de la realidad, sin caer en la fantasía. Nunca debe atentar a la moral y autoestima del subordinado… y la razón debe prevalecer.

No veo cabeza serena en la decisión de correr personal experimentado, formadores de las nuevas generaciones.

Las instituciones de Salud están siendo cuestionadas. La Medicina nicaragüense, huérfana de un cuerpo colegiado, debe esperar de las autoridades de Salud ponderación, comunicación fluida y respetuosa, que nos permita en conjunto con la ética que nos es inherente, reconocer errores y encaminarnos por la senda de la comprensión y la rectitud. Solo así es posible la reconstrucción de la credibilidad en nuestras instituciones de Salud. La restauración debe empezar desde dentro.

Este es un problema médico moral, que debemos enfrentar y resolver como auténticos colegas los médicos nicaragüenses. La rectificación con el reintegro de los médicos y personal de Salud marcará el paso para el inicio de la sanidad médica en Nicaragua.

El autor es médico.

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