Madre denuncia que su hijo convulsiona por las torturas que recibe en La Modelo

Los golpes que habría recibido Dilon Antonio Zeledón Ramos, originario de Matagalpa, le rompieron membranas timpánicas, provocándole sangrado en los oídos

Eimy Ramos, torturas, La Modelo

Eimy Ramos, la madre del joven Dilon Antonio Zeledón Ramos, detenido en La Modelo. LA PRENSA/L. E. MARTÍNEZ

Dilon Antonio Zeledón Ramos tiene 20 años y lleva siete semanas preso, las últimas cuatro en el Sistema Penitenciario La Modelo, en Tipitapa, adolorido y enfermo por las golpizas que habría recibido de parte de paramilitares y policías en Matagalpa y Managua, sin que reciba atención médica oportuna y con una serie de restricciones más enérgicas que las impuestas a otros reos, según el relato de la madre del muchacho, Eimy Ramos.

Estudiante de cuarto año de la carrera de Contaduría Pública y Finanzas de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua sede Matagalpa, Zeledón Ramos habría sido torturado al punto que los golpes le rompieron membranas timpánicas, provocándole sangrado en los oídos, por lo que ahora sufre fiebres altas y convulsiones frecuentes, según han denunciado sus familiares.

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Ramos, quien el sábado participó en una protesta en Matagalpa, confirmó el deterioro en la salud de su hijo y contó que un juez en Managua ordenó una valoración forense al universitario y para que además este pueda ser atendido por un otorrinolaringólogo.

“Se metió un escrito al juez y él dio la autorización. Se suponía que ayer (viernes 31 de agosto) la abogada iba a entrar (a La Modelo) para llevarlo a Medicina Legal, (el juez) también mandó la orden que tenían que llevarlo al hospital, a otorrinolaringología, pero no los dejaron y dijeron que hasta el lunes (3 de septiembre) y estamos esperando”, señaló la madre del universitario.

Zeledón Ramos fue detenido la tarde del 21 de julio pasado en la zona céntrica de la ciudad de Matagalpa, por paramilitares encapuchados que inicialmente lo habrían llevado a la casa departamental del Frente Sandinista, luego a la unidad departamental de la Policía y de ahí a la Dirección de Auxilio Judicial de esa entidad, conocida como El Chipote, en Managua. En los tres lugares presuntamente lo apalearon y torturaron.

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Nadie daba razón sobre el paradero del muchacho a sus familiares, hasta que el 1 de agosto fue acusado junto a otras diez personas, también de Matagalpa, de terrorismo y otros supuestos delitos.

De los 11 acusados, solo Zeledón Ramos y tres más están siendo procesados en el Juzgado Séptimo de Distrito Penal de Audiencias de Managua. Los otros siete no han sido detenidos y algunos están fuera del país.

En esa fecha fue cuando Ramos pudo ver por primera vez a su hijo, quien le contó de las golpizas. “De tantos golpes que me le dieron, sangró por los oídos”, relató.

El 8 de agosto, el muchacho fue llevado a La Modelo, y fue hasta el siguiente día que “pude verlo (por segunda ocasión) y me dijo que lo había visto un médico supuestamente. Después no lo volví a ver, solo esos 15 minutos, con tres custodios a la orilla, filmando la visita”.

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Después, a través de familiares de otros reos, “me mandó a decir que estaba con grandes fiebres, que había convulsionado, que no estaba recibiendo atención médica y hasta este momento no sabemos qué ha pasado”, agregó la mujer.

Resaltado

En el plantón del sábado reciente, en Matagalpa, los manifestantes exigían la liberación de los reos políticos y mencionaban entre estos a Zeledón Ramos. “El apoyo de la gente es lo único que tenemos”, dijo la madre del universitario, indicando que ha ido a todas las protestas en Managua: “Voy a andar en las calles porque mi hijo tiene que salir, él es un estudiante… tenemos la fe en que ese hombre (Daniel Ortega) se va a ir y nuestros hijos van a salir de la cárcel”.

Tormentos

Desde que supo de la detención de su hijo, Ramos estuvo llegando a preguntar por él en El Chipote. Nadie le daba razón y “desde que llegamos, las turbas nos ofendían, nos decían que nos iban a envenenar la comida, que los muchachos eran unos asesinos y decían: ‘Ahí vienen las madres de los asesinos’… eso fue duro”. Para ir a El Chipote, la mujer dejó su empleo —que finalmente perdió— en una panadería en Managua, donde reside. Ha bajado de peso. “Económicamente es difícil, tenía que llevarle tres tiempos de comida, su jugo, su agua y hasta se las comían (los policías) porque le sacaban la carne y dejaban el resto”.

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“Si es en los juzgados, no tenemos derecho a estar en las audiencias y si el juez quiere nos da cinco minutos, si no, no nos da absolutamente nada”, se quejó.

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