Fabrizio Mejía Madrid: «El 68 es una derrota política aunque es un triunfo moral y cultural»

La principal herencia que dejó el movimiento del 68 fue el acto de presentarse en un lugar público a manifestarse, valora el escritor al recordar el 50 aniversario de la masacre del 2 de octubre en Tlatelolco, México

El escritor Fabrizio Mejía Madrid, destacó que aquel primer gran movimiento social del 68 en México también representó lo «más puro de la soberanía popular». LA PRENSA/EFE/Sáshenka Gutiérrez

El movimiento estudiantil de 1968, que terminó con la masacre del 2 de octubre en Tlatelolco, fue una derrota política pero al mismo tiempo un triunfo moral y cultural para los protagonistas y su generación, dijo el escritor y periodista Fabrizio Mejía Madrid.

Destacó que aquel primer gran movimiento social de la segunda mitad del siglo pasado en México también representó lo «más puro de la soberanía popular».

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En la conmemoración del 50 aniversario del movimiento, Mejía Madrid (Ciudad de México, 1968), investigó en varios archivos, entre ellos el del escritor Paco Ignacio Taibo II, para crear la novela Esa luz que nos deslumbra (Grijalbo).

Con ese texto, Mejía Madrid se unió a otros escritores y periodistas como Elena Poniatowska, Carlos Monsiváis y Julio Scherer, prácticamente sus maestros, quienes también publicaron libros sobre el movimiento en el que el escritor «hubiera querido participar».

«Un triunfo moral y cultural»

«El 68 es una derrota política aunque es un triunfo moral y cultural de gran envergadura», dice el escritor al tiempo que reconoce que «la parte mala» además de la masacre, fue que, precisamente, hasta 1977 en México no existió un reforma política para que la izquierda pudiera participar en elecciones.

«Son casi 10 años de ausencia de la izquierda en México y son otros 40 años para que llegara a la presidencia», como sucedió este año en los comicios del 1 de julio con el triunfo del izquierdista Andrés Manuel López Obrador, presidente electo de México.

Pero para este cronista, la principal herencia que dejó el movimiento del 68 fue el acto de presentarse en un lugar público a manifestarse.

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«Es el origen de la soberanía popular en México y a su vez es un origen histórico que pesa y lo podemos ver cuando pasan sucesos como en el 68, por ejemplo, el terremoto de 1985 o la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa», dijo.

En estos casos, «sin convocatoria de un partido, sindicato u organización, los ciudadanos aparecen, se manifiestan y toman el espacio público», apuntó.

Dijo que ese movimiento «es un tanto extraño porque no es una revolución armada, tampoco es un movimiento que pida el voto libre, simplemente es lo más puro de decir: no queremos más represión, no queremos cuerpos policíacos y queremos diálogo público».

Sobre su novela, Mejía Madrid recordó que el movimiento es uno de los acontecimientos «más documentados que hay en el México contemporáneo» ya que comenzó a desentrañarse con las publicaciones de los libros Días de Guardar (1970) de Monsiváis y La Noche de Tlatelolco (1971) de Poniatowska, además de Parte de Guerra 1 y 2 (1999) de Monsiváis y Scherer.

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«Quería saber qué era ser joven en esa época, qué pensaban y qué había pasado durante los 123 días que duró el movimiento a partir de las experiencias de tres personajes», contó Mejía.

Uno de ellos fue el escritor y activista político José Revueltas (1914-1976).

Según el escritor, Revueltas entendió que el 68 «era una puesta al día con el mundo, lee la contemporaneidad de lo que está pasando en México, Europa, Sudamérica y Estados Unidos, y lo que leyó fue un movimiento de izquierda pero que no va hacia una revolución armada».

«Revueltas entendió que el asunto era aparecer, que la gente apareciera en el espacio público, lo que es equivalente a una rebelión, esa es su visión», finalizó.

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