Félix Maradiaga: “Tenemos un tranque en Centroamérica”

Félix Maradiaga, quien realiza una gira fuera del país, dice que la actitud de algunos países de Centroamérica están trabando sanciones internacionales contra el régimen orteguista

Félix Maradiaga, Nicaragua, crisis en Nicaragua

Felix Maradiaga, director del Ieepp. LA PRENSA/ARCHIVO

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Mientras en Nicaragua el gobierno de Daniel Ortega lo tilda de “delincuente”, “terrorista” y “asesino”, Félix Maradiaga desde hace unos meses hace un periplo global en los foros más influyentes de derechos humanos, prestigiosas universidades y centros de pensamientos, denunciando al régimen y su violencia política.

Al momento de esta entrevista Maradiaga se encontraba en Chicago. Iba para República Dominicana y luego a París. Cuando culmine su gira de compromisos internacionales, en donde asegura informa sobre los detalles de la situación del país, los presos políticos, la criminalización de las protestas y la necesidad de sanciones internacionales para quienes hayan cometido crímenes de lesa humanidad, habrá visitado Madrid, Bruselas y Ginebra, entre otras ciudades.

A pesar de la cruzada de denuncias internacionales, Maradiaga asegura en esta entrevista que la actitud de países centroamericanos (Guatemala, El Salvador y Honduras) en los foros internacionales, está provocando un “tranque” para posibles sanciones de otros países.

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“Mi vida es un libro abierto, yo no ando haciendo ningún tipo de conspiración”, dice Maradiaga, al informar sobre su agenda. Sobre este tema hablamos en esta entrevista, pero también sobre las agresiones que ha sufrido durante estos tres meses, que incluyen una golpiza que recibió donde perdió dos piezas dentales, su valoración sobre la actualidad política, la nueva unidad nacional y las acusaciones en su contra

¿Cuál es su situación fuera del país?

Yo salí de Nicaragua el 15 de julio con el propósito de cumplir una agenda de denuncia internacional y un plan de trabajo que finaliza en noviembre. Quiero aclarar que rehúso a autodefinirme, hasta hoy, como exiliado y mucho menos como refugiado. No he procedido a hacer cualquier trámite de refugiado en ninguna parte del mundo. Si bien es cierto que ante las nuevas acusaciones y la injusta persecución podría ser una ruta de protección jurídica, yo todavía no la he definido pero no la descarto. Siempre he dicho que nunca he querido inmolarme ni convertirme en mártir.

¿Cómo se encuentra su familia y sus bienes en Nicaragua?

Desde el 26 de abril no pude regresar a mi casa. Me he resistido a hablar de mi caso porque veo mi persecución como un sacrificio verdaderamente pequeño en comparación con el sacrificio y el sufrimiento que están padeciendo otras personas. Pero, ya que me lo preguntás, te puedo decir que mi hija de seis años está fuera del país, pero varios familiares míos están pasando por situaciones injustas, inclusive familiares lejanos. Lo definiría como grotesco e injusto. Con el tema de las propiedades ya sabemos que hay acciones en curso de cara a la afectación de mis propiedades.

¿Qué tan difícil ha sido estar fuera del país?

Yo estoy mentalizado de regresar a Nicaragua lo más pronto posible porque debo de confesar que para mí la idea del exilio es muy dolorosa e incómoda. Porque me tocó vivirlo cuando era adolescente. Pero yo he tomado una decisión de vida: que es la de trabajar desde los espacios que tengo, a través de la no violencia, de la desobediencia civil y de la incidencia política por una Nicaragua libre de dictadura. Esa es mi visión de vida.

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Entre los diversos delitos que se le acusan está el de financiamiento. ¿Qué opina sobre esto?

A los muchachos de la Upoli que han capturado y han declarado contra mí no los conozco. Al único que tuve el gusto de conocer fue a Jean Carlos López en un plantón que hubo en la Organización de Naciones Unidas (ONU) hace poco. Ahí por primera vez en mi vida lo pude ver en persona. El otro muchacho, Pío Arellano, sé que estaba en el portón de la Upoli porque en una de las ocasiones que llevé vehículos para evacuar heridos en la Upoli, me abrió el portón. Yo no le he prestado atención a esto porque han lanzado una campaña de desprestigio, de criminalización sin precedentes.

¿Por qué cree que lo acusan precisamente a usted?

Es un intento desesperado del régimen por querer encontrar culpables de un levantar, de un despertar ciudadano que no estuvo dirigido por nadie. Yo quisiera tener una fracción de la influencia que el régimen atribuye. En una de las acusaciones el régimen me atribuye haber radicalizado la mente de los jóvenes a través de los cursos (del Instituto de Liderazgo de la Sociedad Civil, un proyecto que funcionó entre el año 2007 y 2013). Esto obedece a una estrategia de negación de la realidad, donde el régimen se rehúsa a aceptar que lo que hubo es un despertar ciudadano masivo, que había agotado la paciencia de la ciudadanía nicaragüense. Estas acusaciones me parecen ridículas, y me causarían risa si no fuera porque no es motivo de humor que fueron fabricadas a través de la tortura. Muchos de estos chavalos me han contactado para comentar, a mí o a otras personas, que a través de la tortura le han mencionado mi nombre, a pesar de que nunca me habían conocido.

Hemos visto cómo han apresado a líderes campesinos, universitarios y de otros movimientos. ¿Cree que esta criminalización es porque usted se está perfilando como líder?

Eso no me corresponde decirlo. Yo he sido muy claro en decir que estoy jugando un rol de un autoconvocado más. Y he hecho lo que puedo desde mi trinchera de incidencia cívica. Pero también he sido una persona que ha estado en franca oposición al régimen desde que llegó al poder. Porque sabía que Ortega no iba a dejar nada bueno. Yo siempre he tenido una posición muy crítica, incluso de la complicidad de ciertos miembros del sector privado. Entonces yo más bien creo que es un viejo problema del orteguismo conmigo, es decir, no es un ataque reciente. Y creo que tienen esencialmente el propósito de acallarme internacionalmente. Ellos me hubieran apresado cuando regresé a Nicaragua. Sin embargo, a como me hizo llegar una alta dirigente sandinista: “No te vamos a apresar porque no te vamos a convertir en un mártir”. Y el otro propósito es que a lo interno del país quieren ponerle nombre al “golpe suave” e inventar que tuvo condición intelectual, porque se rehúsan a pensar que el pueblo se levantó.

Usted anda en una gira internacional, ¿cree que Ortega está derrotado a nivel internacional?

Está aislado y no ha podido responder a la ola de denuncias que le hemos hecho. Eso lo ha abrumado. Sin embargo, en ese ámbito, debo ser muy franco, tenemos un tranque: la doble moral de ciertos países centroamericanos. Entonces lo que nos dicen los tomadores de decisiones europeos es que no quieren tomar acciones contundentes contra Nicaragua hasta que los vecinos regionales tomen acciones similares. Entonces hemos visto que algunos vecinos no han tomado medidas, se han abstenido de votar en las resoluciones y eso, aunque son dos o tres votos, tienen un enorme peso. Una abstención de los miembros del SICA pesa muchísimo más que una de los países asiáticos o suramericanos.

¿Existe otra forma de ejercer presión a nivel nacional?

A nivel nacional se está haciendo todo lo que se puede. Pedirle más a la gente de Nicaragua es injusto, porque ante el nivel de violencia y de persecución y de acoso, la protesta cívica es un acto heroico. Yo parto desde la posición que quienes están dentro de Nicaragua están haciendo ya su máximo esfuerzo de presión ciudadana. Los que no han estado a la altura de la situación son los partidos políticos, que son el gran vacío de liderazgo.


“Tenemos un tranque: la doble moral de ciertos países centroamericanos. Entonces lo que nos dicen los tomadores de decisiones europeos es que no quieren tomar acciones contundentes contra Nicaragua, hasta que los vecinos regionales tomen acciones similares. Entonces hemos visto que algunos vecinos no han tomado medidas, se han abstenido de votar en las resoluciones, y eso aunque son dos o tres votos, tienen un enorme peso. Una abstención de los miembros del SICA pesa muchísimo más que una de los países asiáticos o suramericanos”.

Félix Maradiaga, director de Ieepp


¿Qué le preocupa?

Llega un momento en que el fenómeno de la indignación si no llega a explotar a mayor organización política, pierde efectividad. Una de las mayores preocupaciones que yo he encontrado en mi periplo global es la conducción estratégica de la lucha cívica, que es por otro lado la fortaleza del régimen: que a pesar de que ha perdido una buena parte de su base política, los seguidores de Ortega continúan muy disciplinados alrededor de su figura. Esa base es la que tiene las armas. Entonces, frente a una minoría armada, porque hay que decirlo claramente: el orteguismo es la minoría, los minúsculos son ellos, y eso es ampliamente demostrable, lo que le queda a una mayoría indignada es fortalecer su sentido de coordinación estratégica. Y esa es una estrategia pendiente.

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¿Qué le parece la nueva Unión Nacional Azul y Blanco?

Es un excelente primer paso, al cual respaldo, al que considero altamente esperanzador, y al que le estoy poniendo desde mi posición independiente de ciudadano toda mi confianza.

¿Está dentro de la Unidad?

En efecto, claro que sí, estoy adentro a través de varias organizaciones a las que pertenezco y formo parte de su junta directiva.

¿Cree que es suficiente esta Unidad?

Creo que es necesaria pero no es suficiente. Pero a la vez es comprensible porque está dando sus primeros pasos. Pero ha empezado con una buena decisión porque yo quiero ver con agrado la apertura que ha tenido la Alianza Cívica, que era uno de los elementos que había que aclarar, ya que esta se construyó para los fines del diálogo, y al suspenderse abruptamente el diálogo era más que comprensible que la Alianza entrara en una crisis de identidad. Muchos de nosotros estábamos a la expectativa de ver cuál era la evolución de la Alianza Cívica, y al verla como parte de este gran esfuerzo, eso nos da esperanza de que se continúe robusteciendo.

¿Qué hace falta?

Creo que es normal te repito, y no quiero que se vea como crítica, pero no incluye sectores, como por ejemplo, un grupo grande de los nicaragüenses que votó por los partidos liberales y que están huérfanos como votantes potenciales. A mí me parece que es importante tomar en consideración que estos sectores deberían de estar presentes. Tampoco veo que está presente la diáspora, ya que el 20% de los nicaragüenses reside en el exterior y que ha sido uno de los principales pilares del apoyo que ha tenido la lucha. El tercer sector que se puede fortalecer son los activistas por internet o redes sociales. Este movimiento amplio, multicolor, que se formó en abril, también se formó en las redes sociales. Creo que se le debe dar importancia al ciberactivismo porque ha jugado un rol importante. Igualmente me gustaría ver más presencia de expresiones indígenas o de otros grupos, pero creo que ocurrirá en las próximas semanas.

¿Hay alguna similitud con la UNO de los 90?

La similitud es la amplitud de esta unidad, que ciertamente se asemeja a lo que vimos en la UNO. Pero los que hemos estudiado las interioridades de lo que fue la UNO sabemos que era un coalición de partidos con un acompañamiento significativo de algunos actores internacionales, como por ejemplo Óscar Arias, que jugó un papel importante como una especie de facilitador. Sin embargo, esta unión es un experimento bastante más modernizante, más influyente, en el sentido de que es más cercano a la ciudadanía, menos vinculada a los partidos, y sin ninguna participación internacional.

Félix Maradiaga, junto a Sara Henríquez y Violeta Delgado acudieron al 169 período de sesiones de la CIDH.
LA PRENSA/E. ROMERO

En otras entrevistas hablaba de la posibilidad de un conflicto civil, ¿queda lugar para esto?

He sostenido siempre que Nicaragua no tiene una historia de resolución pacífica de las controversias. Nicaragua tiene un historial desafortunadamente muy volátil frente a las crisis. Por esa razón es esencial que todas las personas de buena voluntad, los liderazgos de los distintos niveles, tomen en cuenta, que si bien es cierto la historia no es cíclica, la historia nos indica que cuando se cierran todas las salidas para la oposición, es casi impredecible que van a surgir voces radicales. Lo que yo decía era que los que creemos en la no violencia, empezamos a parecer torpes. Mi insistencia en la no violencia, en algunos momentos, empieza a sonar fuera de lugar para algunas personas que han sufrido violencia de parte del Estado. Eso a mí me preocupa muchísimo, porque las personas que tenemos algún tipo de incidencia tenemos la obligación de buscar por todos los medios que el país no caiga ante un conflicto armado.

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¿Hay peligro de una guerra civil?

Yo no llegaría tan largo de hablar de guerra civil, porque estamos en un contexto diferente en el cual no existen las condiciones para replicar las guerras civiles, como lo hemos vivido antes. Pero sí estamos claramente ante una situación de conflicto civil de proporciones mayores. Sin embargo, creemos que es esencial no perder la esperanza en una salida no violenta. No significa que voy a cerrar mis ojos a la latente posibilidad de que la situación en el país se descomponga cada día más, y que otros opten por una violencia como una medida de respuesta contra el Estado.

¿Cuál es la salida idónea?

La salida idónea pasa por la renuncia de Daniel Ortega y adelanto de elecciones. Sin embargo, mi pragmatismo analítico me obliga a concluir que la renuncia de Ortega se nos escapó de las manos. La renuncia temprana creo que no está dentro de las posibilidades y por lo tanto hay que seguir insistiendo en una salida electoral no a la medida del régimen, sino como resultado de acuerdos con organismos de derechos humanos que tenga como acompañantes. Ningún acuerdo político sin acompañamiento internacional va a dar las garantías suficientes para una salida.

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¿Cuáles son los escenarios de esta crisis?

Veo tres escenarios posibles. Uno de ellos es la salida electoral y constitucional, en la cual el régimen acepte la asistencia de organismos internacionales para poder salir de esta situación y darle al soberano la decisión de continuar con este régimen o alternativas más influyentes y democráticas. Otro escenario es que el régimen se rehúse a elecciones adelantadas. Para mí eso generaría un conflicto social prolongado, porque me parece que la gente no regresará a sus casas, no se aceptará bajo ningún término elecciones sesgadas. El tercer escenario es el que a mí me preocupa: y es un enquistamiento de la dictadura. Y con eso me refiero a que logre éxito en su uso de la criminalización y que el deterioro económico sea tan extremo que la mayor parte de la población se vea tan abrumada, que el sector privado pueda decidir, por ejemplo, tomar una ruta de acomodamiento para no generar más daño económico al país, y permitir que el régimen se salga con la suya.

¿Es posible ese tercer escenario?

Es peligroso y oscuro, con muy baja probabilidad, pero estamos obligados a darnos cuenta que es una posibilidad, porque si nos negamos a eso, es cuando más expuestos y vulnerables vamos a estar. Debemos estar claros que el régimen estará dispuesto a utilizar la mayor violencia posible para desmovilizar a la población.


Plano personal

En 1987, a sus 12 años, su mamá lo envió a Estados Unidos por la dura situación que vivía Nicaragua a causa de la guerra. Duró dos semanas para llegar a la frontera entre México y Estados Unidos, y cruzó el río Bravo a nado.

Regresó a Nicaragua para terminar el colegio, se graduó, estudió Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en Keiser University, tiene una maestría en Administración Pública de Harvard y otra en Ingeniería Renovable de la Universidad de Barcelona.

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La mayoría de sus ingresos, comenta, proviene de trabajos de consultoría que hace fuera de Nicaragua.
Es sobre todo asesor en análisis de riesgo, planificación estratégica y promoción de inversiones.
Está casado con Bertha Valle y tiene una hija llamada Alejandra.

Su viernes en la noche perfecto sería estar “echado sobre el sofá con mi esposa y mi hija, viendo Netflix y comiendo rosquillas jinoteganas”.

En su edición de 2015, Forbes México lo nombró una de las 25 personas más influyentes de Centroamérica. Lo situaron en el número 15 en el área política.

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