Ante el cambio climático

Hemos oído historias similares antes. Hace diez años, la locura de los biocombustibles arrasó en los países ricos con el apoyo incondicional de los activistas verdes

Bjorn-Lomborg

Cuando una “solución” a un problema causa más daño que el problema, el diseño de políticas ha fallado. Este es el lugar en donde nos encontramos a menudo con respecto al calentamiento global.

Organizaciones activistas como Worldwatch sostienen que el aumento de las temperaturas hará que más personas pasen hambre, por lo que se necesitan recortes drásticos en las emisiones de carbono. Sin embargo, un nuevo estudio publicado en Nature Climate Change ha descubierto que una fuerte acción climática mundial causaría mucho más hambre e inseguridad alimentaria que el propio cambio climático.

Los científicos utilizaron ocho modelos agrícolas globales para analizar varios escenarios de aquí al año 2050. Estos modelos sugieren, en promedio, que el cambio climático podría exponer a 24 millones de personas más al hambre.

Pero si se aplicara un impuesto mundial sobre el carbono que obligaría a un aumento en el precio de alimentos y la cantidad de personas en riesgo de hambre aumentaría a 78 millones más.

Hemos oído historias similares antes. Hace diez años, la locura de los biocombustibles arrasó en los países ricos con el apoyo incondicional de los activistas verdes que aclamaban cualquier cambio que se alejara de los combustibles fósiles. Los cultivos de alimentos fueron reemplazados para producir etanol, y el aumento resultante en los precios de los alimentos obligó a por lo menos 30 millones de personas a caer en la pobreza y a 30 millones más en el hambre, según la organización benéfica británica ActionAid. Si queremos erradicar el hambre, hay formas mucho más eficaces.

Alrededor de 800 millones de personas están desnutridas hoy en día, sobre todo a causa de la pobreza. La iniciativa más importante que podría emprenderse mañana no es una política que ralentice la economía mundial, sino una que reduzca la pobreza: un acuerdo comercial mundial.

Se permitió que el acuerdo de libre comercio de Doha colapsara con sólo una fracción de la atención prestada a las negociaciones mundiales sobre el cambio climático.

Al comparar el costo descomunal con el ligero retraso en el daño climático, cada dólar gastado aporta solo tres centavos de beneficios climáticos, es decir, menos daños por huracanes, menos oleadas de calor y menos estrés agrícola.

Obligar a los países pobres a reducir las emisiones es aún más perjudicial, porque la energía barata y abundante sustenta la prosperidad. Al margen de esto, el gran problema de forzar los recortes de carbono, es que la energía verde todavía no es el salvador que se retrata como tal.

Incluso después de décadas de fuertes inversiones en subsidios para apoyar la producción de energía verde —con un costo de más de 150,000 millones de dólares sólo este año—, la Agencia Internacional de Energía considera que la energía eólica proporciona sólo el 0.6 por ciento de las necesidades energéticas, y la solar el 0.2 por ciento.

Tenemos que ser más inteligentes sobre el cambio climático. Mi grupo de expertos solicitó a 27 economistas climáticos de alto nivel que exploraran todas las respuestas políticas posibles, y la conclusión fue que la mejor inversión a largo plazo es en I+D de energía verde. Por cada dólar gastado, se evitarían 11 dólares de daños climáticos.

Esto tiene mucho más sentido que el enfoque climático actual, que en la mayoría de los casos provoca más daño que beneficio.

El autor es director del Copenhagen Consensus Center.

Fe de error

Por un lamentable error, en la nota publicada en la edición de este lunes bajo el título “Mata: Ortega quiere un diálogo transparente», en la página 6A, se omitió la palabra “no» en el encabezado. Debió leerse “Mata: Ortega no quiere un diálogo transparente». Lamentamos la equivocación y ofrecemos disculpas a nuestros lectores.
El editor

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