Afiches retratan a soldados que bebían vino para huir del horror de la Gran Guerra

Al respecto Franck Poupard, director de la Alianza Francesa, explica que efectivamente esta exposición de afiches artísticos busca resaltar el tema de vino vinculado a la guerra

Exposición El vino y la Gran Guerra, en ocasión del Centenario del Fin de la Primera Guerra Mundial. LA PRENSA/Robedr .LAPRENSA/Roberto Fonseca

Soldados retratados en afiches saboreando vinos para darse valor y consuelo en los frentes de guerra es lo que muestra la atractiva exposición El vino y la Gran Guerra, actividad histórica y cultural que forma parte de la semana de conmemoraciones del Centenario del Fin de la Primera Guerra Mundial.

Al respecto Franck Poupard, director de la Alianza Francesa, explica que efectivamente esta exposición de afiches artísticos busca resaltar el tema de vino vinculado a la guerra.

Para Poupard, los dibujantes buscaban a través de este “objeto de comunicación animar a los soldados y civiles, y alejarlos del horror de la guerra”.

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La Primera Guerra Mundial duró más de cuatro años. Inició un 28 de julio de 1914, mató a más de 17 millones de personas, entre civiles y militares, y finalizó con un armisticio el 11 de noviembre de 1918.

A cien años de la guerra, destaca Poupard, estos artistas siguen dando una lección de libertad creativa, de servicio y de identidad cultural.

Exposición Clemenceau chef de guerre (Clemenceau, el jefe de guerra) .LAPRENSA/Roberto Fonseca

Dos exposiciones en la Alianza Francesa. El público que asista podrá apreciar esta colección de gráficas El vino y la Gran Guerra, en la planta alta de la Alianza Francesa.  Al mismo tiempo podrán ver la exposición Clemenceau chef de guerre (Clemenceau, el jefe de guerra), ambas inauguradas en días pasados por la embajadora alemana Ute König y el embajador francés Philippe Létrilliart.

Los “poilus” le dieron gloria al “santo Pinard”

En los años de la Primera Guerra Mundial, vicultores de la región de Languedoc (sur de Francia) ofrecían vino a  los soldados que se encontraban los frentes combate,  su idea era “fortificar”  el ánimo de los «Poilu» (peludos), soldados que se dejaban crecer la barba y el bigote.

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LAPRENSA/Roberto Fonseca

La otra palabra que posiblemente surgió en este ambiente fue la palabra «Pinard», un calificativo al vino  tinto fuerte y de consumo popular. Así los “poilus” le dieron su hora de gloria al vino bautizándolo como el “santo Pinard” o el “Padre Pinard”.

Sus efectos embriagadores pronto se volvieron un anestésico para soportar los horrores de la guerra en las frías y duras trincheras europeas.

Así el vino, Francia, la tierra y un símbolo de identidad; también algo negativo, porque muchos soldados sufrieron alcoholismo después de la guerra.

Poeta y soldado nicaragüense Salomón de la Selva (León, 1893 – París, 1959). LA PRENSA/Archivo

Homenaje a Salomón de la Selva en León

Este sábado 10 de noviembre a las 4:00 p.m., el profesor  François Pernot impartirá la conferencia “¿1918 y después? Un fin de Guerra que no termina”.

Pernot  quien ha impartido sus cátedras de historia moderna en la Universidad de Cergy-Pontoise en Francia se reunirá con alumnos del Liceo franco nicaragüense Víctor Hugo.

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Esta semana de conmemoraciones será clausurada este domingo 11 de noviembre a las 9.30 a.m., con acto oficial en la Catedral de León, en el cual se rendirá homenaje al poeta nicaragüense Salomón de la Selva (León, 1893 – París, 1959).

Durante la Primera Guerra Mundial De la Selva se alistó como soldado con los aliados ingleses, en los campos de Flandes. Años después publica su libro A Soldier Sings (El soldado desconocido,1919).

En 2015 Nicaragua apareció Le soldat inconnu, una nueva edición en español- francés patrocinada por el entonces embajador de Francia Antoine Joly.