La rana que saltó el 18 de abril

Aquí hubo un plan deliberado para establecer una dictadura poco a poco, como en aquel experimento donde se cuece a una rana a fuego lento para que no ofrezca resistencia

Daniel Ortega, reformas

Rana hervida

Muchos hemos oído hablar del síndrome de la rana hervida, pero para quien no la conoce aquí la resumo. Se dice que si se echa una rana a una porra con agua hirviendo esta saltará inmediatamente y salvará su vida. En cambio, si se mete la rana a la porra cuando el agua está tibia, y poco a poco se va incrementando el calor, está morirá porque al principio se sentirá cómoda en el agua tibia. Su cuerpo no resentirá al principio los cambios y cuando la temperatura sea insoportable no tendrá ya fuerzas para saltar. Y morirá cocida y despellejada por el agua hirviendo.

Fuego lento

Desde el 2007 Nicaragua se venía cociendo a fuego lento. ¡Ay qué modelo de alianza público-privado más bonito tiene! ¡Ay qué país más seguro! Policía ejemplo para todos. ¿Fraude? Si no le van a creer a Roberto Rivas, créanle a las encuestas que dicen que el pueblo ama a Daniel Ortega y a Rosario Murillo. Mientras, los grados de temperatura iban subiendo. En una noche Ortega se tiró la Constitución para reelegirse. Otro día se aprobó la Ley de Seguridad Soberana para reprimir libremente. Y mientras iba creando un cerco mediático, organizando las fuerzas de choque y partidarizando al Estado, incluyendo al Ejército y la Policía, entre otras acciones.

Nostalgias

Pensar que antes del 18 de abril estábamos mejor que ahora es solamente recordar el tiempo del agua tibia. Aquellos tiempones en que a la rana le bastaba quedarse quieta, serena, mientras la temperatura del agua subía. Era la rana confiada en que esos calores eran hechos aislados y el agua tibiecita volvería en algún momento. Nunca hubo intenciones de agua tibia eterna. Era “la con dulce”, como decimos en Nicaragua. Los planes siempre, desde el principio, fueron cocer a la rana.

El salto de la rana

Lo que sucedió el 18 de abril fue que, inesperadamente, la rana saltó de la olla donde se cocía. El primer sorprendido fue el cocinero que iba subiendo poco a poco la llama, agradecido con la rana tan colaboradora que se había encontrado. Pero también la rana fue sorprendida cuando, ya desde afuera de la porra, se enteró de los planes que tenían con ella. El cocinero reaccionó de forma irracional. Furibundo. Él no entiende cómo la rana prefiere saltar y exponerse a su furia, a que la destripe, en vez de dejarse cocer poco a poco. Gozar de la muerte lenta y tranquila que le ofrecía. Le dice traidora. Golpista. Terrorista. Lo que no entiende realmente es que la rana no quiere ninguna de las opciones que él le ofrece. Ni lentamente ni destripada. Lo que quiere es vivir. Ser libre. Y eso él no lo entiende.

Dictadura

Aquí hubo un plan deliberado, premeditado y seguido paso a paso para establecer una dictadura. Comenzó con democracia y poco a poco le iban metiendo los ingredientes de la dictadura. “Dictablanda”, le decían cuando era agua tibia. Para ello usó y sigue usando muchos tontos útiles. Personas que buscaron, cargaron y encendieron la leña con que los cuecen. Aquí hubo un experimento en proceso. Y fracasó.

Fracaso

La masacre. Los secuestrados. Los juicios a los presos políticos. La criminalización de la protesta. La criminalización de los símbolos patrios. La militarización de las calles. La paranoia del régimen. El fascismo. La persecución al periodismo. Todo esto que estamos viviendo estos días es el intento de lograr rápidamente lo que no pudo lograr al suave como pretendía. Pero la meta es la misma. El régimen ha encendido la hornilla a toda llama porque ya no tiene tiempo y quiere que el agua hierva rápidamente. Y meter en ella a la rana que saltó. Conseguir por la fuerza lo que quería conseguir con mañas. Pero ya sabemos lo que sucede cuando echan a la rana en agua hervida. Salta. No se deja. El experimento le falló y debe aceptar su fracaso. Podrá matar a la rana, porque él tiene la fuerza bruta, pero no logrará más que entre tranquila a la porra donde había decidido cocerla

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