Los DD.HH. en su peor momento

Nicaragua votó a favor de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. El presidente de la República era en aquel momento el médico y político liberal Víctor Manuel Román Reyes, de quien se decía que era un títere del general Anastasio Somoza García.

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Se conmemora hoy el 70 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada el 10 de diciembre de 1948 por la Organización de Naciones Unidas (ONU).

La Declaración fue proclamada tres años después de finalizada la II Guerra Mundial, que según estimaciones promedio causó la muerte de entre 55 y 60 millones de personas. En esa guerra se cometieron terribles violaciones de los derechos humanos, siendo la más horrorosa el exterminio de más de seis millones de judíos. Con la aprobación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos se pretendía que nunca más volvieran a ocurrir esos crímenes repugnantes contra la vida y la dignidad de la gente. Al menos no de manera sistemática y masiva, como se habían perpetrado hasta entonces.

Pero no todos los 50 Estados que en 1948 eran los miembros de las Naciones Unidas, aprobaron la Declaración. 40 votaron a favor y 8 se abstuvieron, siendo estos la Unión Soviética y demás países comunistas, así como Arabia Saudita y Sudáfrica, en los cuales por tener regímenes que no eran democráticos se violaban los derechos humanos. Honduras y Yemen no estuvieron presentes en la histórica votación.

Nicaragua votó a favor de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. El presidente de la República era en aquel momento el médico y político liberal Víctor Manuel Román Reyes, de quien se decía que era un títere del general Anastasio Somoza García.

Tampoco en todos los países que suscribieron originalmente la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y en los que poco a poco se fueron incorporando a las Naciones Unidas, se respetó entonces ni se respeta ahora ese solemne compromiso con la humanidad.

En Nicaragua, durante el somocismo las peores violaciones a los derechos humanos ocurrieron: en 1954, a raíz de una fallida conspiración cívico-militar contra la dictadura; en 1956, después del asesinato del dictador Somoza García. En 1967, como consecuencia de la fracasada asonada del 22 de enero. Y en 1978 y 1979, durante las represiones somocistas contra las insurrecciones armadas de los sandinistas.

Después, todo el decenio de la revolución sandinista fue de violaciones generalizadas de los derechos humanos, primero contra los derrotados guardias somocistas y sus familiares y después contra todos los opositores, con el pretexto de que había la guerra contrarrevolucionaria apoyada por los Estados Unidos.

Al fracasar en 1990 la revolución y terminar la dictadura sandinista, durante los gobiernos democráticos hubo violaciones a los derechos humanos pero no eran una política gubernamental. Paradójicamente, las peores violaciones a los derechos humanos en ese período las cometieron los sandinistas, que, con Daniel Ortega a la cabeza, gobernaban “desde abajo”.

Ahora, desde 2007 los derechos humanos han sido violentados masiva y sistemáticamente, como política de Estado de la dictadura de Daniel Ortega, hasta llegar a las monstruosas violaciones de los últimos siete meses y medio.

En Nicaragua, en el 70 aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos esta es solo un documento de buenas intenciones, un hermoso ideal que se podrá cumplir hasta cuando haya libertad y democracia.

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