París bien vale una misa

En lo personal, creo que lo que más le conviene al país es la negociación teniendo en cuenta que todo proceso de negociación implica una estira y encoge

La entrevista otorgada a un medio noticioso, por el coronel retirado Roberto Samcam, en la que asegura que ha habido una serie de reuniones en el país con el motivo de buscar una salida a la crisis actual y un distanciamiento del Ejército con el presidente Ortega, ha provocado una mayor cantidad de especulaciones en la que dos posiciones han sido definidas. Los que están de acuerdo en “un descenso suave”, es decir, buscar una negociación y los que dicen que no hay nada que negociar, y que lo que se pretende es un orteguismo sin Ortega.

En lo personal, creo que lo que más le conviene al país es la negociación teniendo en cuenta que todo proceso de negociación implica una estira y encoge, y en donde ambas partes tienen que ceder.

Se necesita que ambas partes: Gobierno y oposición, antes de sentarse a la mesa, den señales claras de que verdaderamente existe una voluntad para resolver la crisis.

Un gesto positivo de parte del Gobierno sería poner en libertad a todos los presos políticos, y suspender todos los juicios.

Un gesto positivo de la oposición es llegar a la mesa con propuestas razonables, en las que se le garantice al gobernante la seguridad para él, su familia y sus intereses, ya que en el fondo es lo que verdaderamente el presidente Ortega persigue.

El error de la oposición hasta ahora ha sido tratar al Gobierno como si este estuviera derrotado, sin tomar en cuenta, que nos guste o no nos guste, el Gobierno sigue en pie, y cuenta con mecanismos muy poderosos como es la represión para mantener el control del país. El error del Gobierno es no querer aceptar que está aislado tanto a lo interno como a lo externo, y que, en tales condiciones, la gobernabilidad no es posible.

Estoy totalmente claro que esta posición no gusta a muchos, pero la política es la ciencia de lo posible y no de lo deseable.

Para Enrique de Borbón, un protestante del siglo XVI que pretendía el reino de Francia, el precio que tuvo que pagar fue aceptar la fe católica. Por eso la famosa frase: “París bien vale una misa”.

Para nosotros el precio a pagar podría ser, la amnistía general, garantizar al presidente Ortega, su integridad, su permanencia en el país, su capital. Estemos claros, que en la vida muchas veces es útil renunciar a algo, aunque sea aparentemente muy valioso, para obtener lo que realmente se desea.

Lo deseable es salvar el país, no destruirlo, buscar un camino para la construcción de un verdadero proceso democrático, cuyo primer peldaño es la realización de una elección creíble.

El autor es abogado.

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