Perfil | Rafael Solís, el padrino de la justicia

Este artículo sobre la vida de Solís, quien acaba de renunciar a su cargo como magistrado de la Corte Suprema de Justicia, fue publicado por la Revista Domingo de LA PRENSA en mayo de 2012

El ahora exmagistrado Rafael Solís también fue guerrillero, embajador de Nicaragua en Washington, fundador del Ejército y secretario de la Asamblea Nacional, LA PRENSA/ ÓSCAR NAVARRETE

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**Este trabajo fue publicado por la Revista Domingo de LA PRENSA en mayo de 2012.

A inicios de los años setenta, un joven estudiante de Derecho en la UCA y huérfano de padre, Rafael Enrique Solís Cerda, se involucraba en la lucha para derrocar a la dictadura de Somoza, a través de un movimiento cristiano estudiantil. Se llama Rafael por sus padres Rafaela Cerda y Rafael Solís Bermúdez, y Enrique por su abuelo materno, el abogado antisomocista Enrique Cerda.

Hoy, casi 40 años después, tiene 12 años de ser magistrado de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), es la mano derecha del presidente de la República en temas jurídicos y cuando de pactar con la oposición se trata, y además está a punto de ser reelecto magistrado para un período más y alcanzar uno de sus sueños: ser presidente de la Corte.

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Pero no solo eso. También es el hombre que maneja los hilos de la justicia en Nicaragua. La presidente de la Corte, Alba Luz Ramos, es quien decide en los asuntos administrativos del poder judicial, pero cuando de asuntos jurisdiccionales y políticos se trata, Solís es el que lleva la voz cantante. “En el poder judicial él ha sido la figura principal (de los sandinistas)”, dice la disidente sandinista Mónica Baltodano.

No una vez se le ha señalado a Solís de tráfico de influencia, de ejercer control sobre los jueces de todo el país. Cuando tiene problemas algún funcionario del poder judicial, desde el más grande hasta el más chico, desfila por el despacho del “doctor Solís”, a como lo llaman con cariño, para arreglar el asunto. Las escenas que se producen en el despacho de Solís bien pueden ser comparadas con las de la película El Padrino, de Francis Ford Coppola, y en la que Marlon Brando, actuando como Don Vito Corleone, recibía a todas las personas que le llegaban a pedir favores.


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El cariño que le profesan los trabajadores del poder judicial no es falso. Desde el 10 abril de 2010 se encuentra usurpando el cargo de magistrado de la CSJ, porque se le venció el período para el que fue electo. En reacción diversos sectores de la sociedad civil y diputados opositores protestaron por el hecho, pero Solís encabezó una marcha de trabajadores judiciales, quienes lo respaldaban para que continuara como magistrado. Llegaron hasta el Hotel Holiday Inn, donde sesionaban los diputados opositores y causaron destrozos. Jueces sandinistas y hasta liberales lo apoyaron también.

¿Cómo fue que llegó Solís a ser ese cercano colaborador del comandante Daniel Ortega Saavedra? Después de la derrota electoral del sandinismo, en 1990, se retiró de la política para convertirse en un empresario de la pesca en el Atlántico del país. Y cuando reapareció en política, lo hizo como candidato a diputado suplente para el Parlamento Centroamericano en la casilla del MRS, los disidentes sandinistas y enemigos políticos número uno del nuevo sandinismo: el orteguismo.

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Rafael Solís junto con los guerrilleros sandinistas Raúl Venerio (izq.) y Joaquín Cuadra (acostado sobre la grama). Cuadra es de los mejores amigos de Solís. LA PRENSA/ REPRODUCCIÓN G. FLORES

De pescador a candidato MRS

Después de la derrota electoral del FSLN, en 1990, Rafael Solís se retiró temporalmente de la política. Se fue a pescar a la Costa Atlántica. Un día vino a Managua y se encontró con Francisco de Asís Fernández, alias “Chichí”, quien iba de candidato a diputado del Parlamento Centroamericano en la casilla de la disidencia sandinista del MRS. “Chichí” le propuso que fuera su suplente y fue así como Solís aparece en las boletas electorales de 1996 como candidato MRS. Solís ha contado que aceptó ser candidato a suplente de Fernández por la amistad con este último, pero que siempre le dejó claro que él pertenecía al FSLN.

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En ese momento había como una especie de distanciamiento de Solís del FSLN. Enrique Sáenz no era un líder del MRS en ese entonces, pero recuerda la candidatura de Solís y que en la disidencia sandinista no le querían dar protagonismo. La comandante Dora María Téllez lo recuerda en el grupo inicial del MRS, pero también Solís siempre “ha ido cambiando de posición”.

Danilo Aguirre Solís, uno de los fundadores del MRS, señala que en el Congreso de 1994, cuando se divide definitivamente el sandinismo y nace el nuevo, ahora llamado orteguismo, Solís permaneció invariable al lado de Ortega.


Magnífico hermano, nada que quejarme. Es de sobra conocido que en el campo (político) es un placer no comulgar con él. Es de argumentar, conversar entretenido”. Roberto Courtney, hermano de Rafael Solís


La comandante Mónica Baltodano recuerda que entre 1997 y 1998, cuando fue electa miembro de la Junta Directiva de la Asamblea Nacional y ella todavía era parte del FSLN, se encontró con Rafael Solís y lo aceptó como asesor de ella, tomando en cuenta que Solís había sido uno de los redactores de la Constitución Política de 1987, aún vigente con algunas reformas. Según Baltodano, Solís era de la gente que se fue con Sergio Ramírez Mercado cuando se produjo la división del FSLN y después se ganó la confianza de Ortega asesorándolo cuando el presidente fue acusado de violación por su hijastra Zoilamérica Narváez.

“Él (Solís) no tenía muy buen vínculo con Daniel, con la Dirección de entonces. Él me buscó y se ofreció para apoyarme como asesor, en el cargo de Junta Directiva. Yo lo contraté como asesor y él dio muchos consejos al presidente Ortega sobre las acusaciones de Zoilamérica y él fue un buen asesor de Daniel en todo el tema de las acusaciones de Zoilamérica. Empezaron a tener relaciones más cercanas”, dijo Baltodano, quien señaló que fue a través de ella que Solís logró acceder a la ahora pareja presidencial.

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“Estoy clara que de alguna forma ese trabajo que realizó conmigo lo acercó a Daniel, le dio espacio y la reincorporación al danielismo”, agregó la comandante.

Rafael Solís sentado en su despacho en la Corte Suprema de Justicia. Es el magistrado que realmente dirige la bancada de los sandinistas. Todos los demás se apegan a él cuando hay conflictos con los liberales o cuando hay una sentencia que sacar y que es del interés del presidente Daniel Ortega. LA PRENSA/ ARCHIVO

Descendiente de intelectual

Seis años de edad tenía Solís cuando falleció su padre, también de nombre Rafael Solís. Desde ese momento se convierte en el “hombrecito” de la casa, un padre “en miniatura” para su hermana Ana Isabel y en un gran apoyo para su mamá, doña Rafaela Cerda, quien se casó después con un extranjero de apellido Courtney, con quien procreó dos hijos más, Hilda y Roberto, este último es quien dirige Ética y Transparencia.

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Roberto Courtney, su hermano, explica que Solís es el “hijo soñado” de una madre, muy buen estudiante y siempre colaborador en las tareas del hogar.

Otra característica que su hermano le atribuye a Solís es la inteligencia. Aunque ambos militan en aceras políticas diferentes, Roberto dice que “es un placer no comulgar con él, porque (Solís) es de argumentar. Conversar con él es entretenido”. Y Solís tenía a quién salir, a su bisabuelo materno Miguel Ramírez Goyena, el científico, botánico y educador cuyo nombre lleva un instituto de secundaria de Managua.


(Rafael Solís) ha sido una persona con bastante afinidad por el dinero, le gusta bastante… el problema es que ese gusto lo ha llevado a tráfico de influencias ampliamente conocido en los círculos judiciales”. Dora María Téllez, comandante de la revolución sandinista


Un magistrado liberal que prefiere el anonimato también le reconoce dotes intelectuales a Solís. “Es una persona con un espíritu colaborador, gran negociador, de todos los magistrados sandinistas es quien más domina la técnica de negociar. En el aspecto político él es la cabeza”, dice su colega.

Quienes conocen a Solís le reconocen su desparpajo para reconocer sus fechorías y de esa manera amortiguar las críticas. “Podría ser”, “Algo hay de eso”, siempre son sus frases favoritas para iniciar una respuesta incómoda. La primera cosa que Solís dijo al ser electo magistrado, en 1999, fue que iba a defender los intereses del FSLN.

Rafael Solís acreditándose como embajador de Nicaragua en Estados Unidos ante el presidente Jimmy Carter, inmediatamente después del triunfo de la revolución. Solís suele reírse cuando recuerda este momento, ya que tuvo que comprar un saco en una tienda de ropa de mala calidad porque no tenía vestimenta para la ocasión. LA PRENSA/ REPRODUCCIÓN G. FLORES

Un tercerista

A doña Rafaela Cerda, que casi nunca tuvo un dolor de cabeza con su hijo Payito, le causó gran sorpresa cuando se dio cuenta que su hijo andaba metido en la guerrilla. Fue por el año de 1975, pero Payito desde antes ya andaba con la guerrilla sandinista. “Quiero bajar el gobierno (de Somoza) a balazos”, le dijo Payo Solís a su mamá, quien logró entender las pretensiones de su hijo porque compartía la causa sandinista, aunque ahora es medio disidente.

Con la división interna del FSLN antes del triunfo, Solís tomó el camino de los terceristas, una mezcla heterogénea de democratacristianos, marxistas amplios que aceptaban el pluralismo, social demócratas, estudiantes idealistas, empresarios, profesores.

Mónica Baltodano dice que Solís no estaba comprometido con ninguna ideología, sino solamente con botar a la dictadura somocista, pero su hermano Roberto Courtney —heredero de la habitación que dejó Solís en su casa cuando se fue a la clandestinidad—, explica que el cuarto del ahora magistrado estaba atestado de libros principalmente marxistas, pero también de Mario Vargas Llosa y de Engel. “Tenía un póster de (Mahatma) Gandhi pegado en una de la paredes”, dice Courtney.

La escritora Gioconda Belli, en un escrito del 2007, en El Nuevo Diario, dice de Solís: “Yo recuerdo a Payo en el exilio en Costa Rica. Y lo recuerdo en el Frente Interno en Managua. Era un compañero dedicado y valiente, pero siempre tuvo ese rasgo —un rasgo que por supuesto lo puso donde está— de ser obediente, de hacer lo que le decían, no importaba cuál fuera su propio criterio. Si en una situación militar esto puede haber sido un requisito, en estos tiempos esa cualidad tendría que haberlo eliminado como candidato a la Corte Suprema, ya no digamos como miembro de esta”.

En las conversaciones de paz realizadas en Sapoá, Rivas, entre el sandinismo y la Contrarrevolución, Rafael Solís (segundo desde la izquierda) fue parte de la comisión del Gobierno. LA PRENSA/ REPRODUCCIÓN G. FLORES

Redactor de la Constitución

El primer embajador de Nicaragua en Washington, después del triunfo de la Revolución Popular Sandinista, en 1979, fue Rafael Enrique Solís Cerda, el joven graduado como abogado en la Universidad Centroamericana (UCA) y que también realizó estudios de Economía en la McGill University, en Montreal, Canadá.

Como venía de andar luchando en el Frente Norte, solo tenía ropa de militar y ya en Estados Unidos tuvo que irse a meter a una tienda de ropa de no tan buena calidad y allí compró un saco regular para poder presentarse ante Jimmy Carter, el presidente norteamericano, quien en ese entonces estaba de “luna de miel” con el gobierno revolucionario sandinista y no dudó aceptar de inmediato al joven embajador nicaragüense.

Solís no estaba contento. Era el primer año de la revolución, la época romántica, y quería estar en Nicaragua. Solo un año estuvo en Washington y luego se vino al país para ser parte del Ejército de Nicaragua. Lo nombraron secretario ejecutivo del cuerpo castrense, de donde luego formó parte del Consejo de Estado y así llegó a la Asamblea Nacional, donde se ubicó como el secretario del parlamento nicaragüense, actuando bajo la sombra del comandante Carlos Núñez Téllez.

Algunos consideran que Solís tenía tanto poder como Núñez, pero otros opinan que no es así, sino que por ser los comandantes en su tiempo de juventud estudiantes que abandonaron las aulas universitarias para integrarse a la lucha armada, Solís estaba en mejor posición de incidir que el comandante Núñez, de manera que quien mandaba era Núñez, pero Solís tenía su incidencia por manejar mejor el Derecho.

Y precisamente por su conocimiento en temas jurídicos, Solís fue uno de los redactores de la Constitución de 1987. Solís también fue asesor de la comisión que realizó los acuerdos de paz firmados en Sapoá, Rivas, con el directorio de la Contra.

Rafael Solís, Daniel Ortega
Rafael Solís fue padrino de bodas de Daniel Ortega y Rosario Murillo. La imagen es de 2009. LA PRENSA/ MANUEL ESQUIVEL/ ARCHIVO

Las “perlas” de Solís

Aunque se dicen muchas cosas del magistrado Solís, sobre supuesto tráfico de influencias, dominio sobre los jueces y hasta problemas de propiedad, nadie le ha podido probar sus presuntas fechorías.

Sin embargo, el magistrado queda expuesto en las sentencias políticas, como cuando la Corte Suprema de Justicia (CSJ) liberó a Arnoldo Alemán (Solís dictó un voto razonado, pero con el mismo avaló la sentencia), o cuando le dieron un carácter legal a los CPC de Rosario Murillo, y, la última, cuando en contra de la Constitución se emitió una sentencia aprobando que Ortega fuera candidato en el 2011.

Ortega confía en Solís, quien también lo asesoró en el pacto con Arnoldo Alemán. Ahora Solís va por la presidencia de la Corte, un poder que ya ostenta de hecho en el poder judicial.

La cercanía de Solís con los Ortega-Murillo

Rafael Solís Cerda es una de las personas de mayor confianza política y personal del presidente Daniel Ortega y la primera dama Rosario Murillo, tanto así que, según publicó El Nuevo Diario, es el único testigo del matrimonio de Ortega con Murillo, en Costa Rica, en 1978, en una ceremonia efectuada por el padre Gaspar García Laviana, mártir de la revolución.

Luego, el 3 de septiembre del 2006, Ortega y Murillo se casaron en una ceremonia religiosa privada que ofició el cardenal Miguel Obando y Bravo en la capilla de la Universidad Católica. Según la oficina de Comunicación del FSLN, se trató de “una renovación de los votos matrimoniales” y para ello “en el acto se dio a conocer el Testimonio que presentaron y firmaron Ortega, Murillo y el único testigo vivo, Rafael Solís Cerda, en el que se deja constancia de una ceremonia religiosa improvisada de unión matrimonial celebrada en Costa Rica, en plena lucha insurreccional, en octubre o noviembre de 1978, y oficiada por el sacerdote y héroe sandinista García Laviana.

El presidente Daniel Ortega consulta todos los temas jurídicos con Solís, y ejemplo de ello son los casos de los CPC, la idea de que el sistema político del país pasara de presidencialista a parlamentarismo, entre otros.

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