Música y ritmo en la poesía de Rubén Darío

Darío nos heredó tres grandes aconteceres poéticos: La precisión poética, la técnica del silencio, y la musicalidad como lenguaje

LA PRENSA/Arnulfo Agüero

Casi ningún planteamiento estético antes del Romanticismo se había estructurado como una corriente de pensamiento poético-filosófico. No significa que un grupo de pensantes no se juntaran en una torre o en una gruta y decidiera darle forma a una propuesta intelectual con el propósito de conmover al mundo.

Todo pensamiento interpretativo de los reales misterios que nos condicionan como seres humanos es, en verdad, un devenir emocional, un acontecimiento social.

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A finales del s. XVIII, la intelectualidad alemana que había tenido el icono academicista de Goethe, es estremecida por un movimiento de pensamiento y vida que cambia la perspectiva de la creación literaria y que fue llamada, por una confusa razón, el Romanticismo.

Esta tendencia invadió toda Europa paulatina, pero hondamente, y creó una nueva concepción y una nueva actitud ante la vida.

De este movimiento, padre y madre de todos los movimientos literarios, nace como hijo dilecto el Modernismo. Y de este alumbramiento nace Darío, que nos hereda tres grandes aconteceres poéticos: La precisión poética, la técnica del silencio, y la musicalidad como lenguaje.

“El tal Modernismo”

En noviembre de 1899, Darío escribió: “constantemente puede verse en la prensa de Madrid que se alude al Modernismo.”

Según estudios del investigador José Pascual Ortells Chabrera es que para Darío no existía “el tal Modernismo”, era “una moda que no se comprende”, que existe por la vecindad con Francia.

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Pero Darío reconoce el Modernismo “americano” integrado de alguna forma como movimiento con José Martí, Julián del Casals, Javier Gutiérrez Nájera; y después de “Azul…”, José Santos Lugones, Amado Nervo, etc.

¿Qué heredó el Romanticismo al Modernismo? Estos conceptos, y cito al maestro Anastasio Lovo: “La meditación filosófica sobre qué es lo bello, la belleza y el arte como lenguaje, la integración de la música, el ritmo y el silencio como elementos integrantes del poema. No rendir culto a ningún poder. La plena libertad creadora como condición sine cua non para producir arte”.

Los conceptos básicos del Modernismo-Romanticismo son válidos para siempre. Lo que se ha agotado es el lenguaje, la forma de expresarlos.

Darío sabe eso. Él es un hombre culto que ha leído y conoce ese proceso. Comprende que hay un  lenguaje agotado para expresar principios eternos. Avisora estereotipos poéticos: “Volverán las oscuras golondrinas…”; “Quiero morir cuando declina el día…”.

Los postulados y los temas de la poesía, más exactamente de los poemas, son los mismos, las vivencias básicas de la humanidad: la vida, la muerte, el amor, el tiempo, la divinidad, etc. Lo que cambia es el lenguaje, la forma de expresar y comunicar esos temas. Desde este punto de vista, el Modernismo, como todos los movimientos literarios anteriores, no es una revolución conceptual, es una revolución lingüística y musical orquestada por el ritmo.

Darío entendió la máxima de Mallarmé: “Lo muy preciso hace impura tu vaga literatura”.

El Modernismo alcanza su culminación expresiva en la obra de Darío, quien, como los románticos más audaces, compromete su vida en su poesía bajo el postulado contundente que dice: “La poesía es, antes que nada, una actitud ante la vida.”

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Y cada poema es un tejido de formas y estilos con nuevos ingredientes que no conocieron los españoles de entonces como la entonación, la musicalidad, aunque no necesariamente sus expresiones de las lenguas indígenas americanas.

El manejo de esta madeja poética musical es uno de los grandes aciertos de Darío. Cada poema es un maravilloso enredo, preciso, en un deslumbrante uso, y no en el huso de Penélope sino uno continuo y sin fin. Un concierto.

La canción de los pinos es un claro ejemplo de esta habilidad dariana. Veamos: en primer lugar el poema está inserto en el corpus de El Canto Errante. ¿Errante? ¿Porque viaja? ¿Porque no tiene un asidero emocional, un muelle a esa barca sin destino que fue Darío? Y La canción de los pinos, y no “El poema de los pinos” o simplemente “Los pinos”.

En el poema, la música recorre como en una columna vertebral, cada verso en un lento y pausado minuet. Dos pasos para adelante y uno para atrás. La vida, y la otra, que no quiero mencionar.

El poema y su radiografía

“Oh pinos, oh hermanos en tierra y ambiente/ yo os amo”. Esto es un concepto romántico, con un lenguaje romántico, con una concepción ecológica, casi franciscana.

Desde aquí hasta los siguientes 11 versos, la propuesta dariana es romántica, en un lenguaje romántico, salvo aquel verso inquietante que dice: “Habéis sido mástil, procenio, curul”. El viajero. El maestro. El político-crítico.

Y comienza el lenguaje parnasiano, se teje la madeja: “Con gestos de estatuas, de mimos, de actores/tendiendo a la dulce caricia del mar”. Así va el tejido: “Cuando en mis errantes pasos peregrinos” (modernista) “La Isla Dorada me ha dado un rincón do soñar mi sueño, encontré los pinos, los pinos amados de mi corazón”. La alusión a Mallorca, como la isla dorada, sin decir su nombre, y el do en vez del donde, son expresiones absolutamente románticas.

Veamos ahora la música, que casi se puede bailar: “Amados por tristes, por blandos, por bellos, por su aroma, aroma de una inmensa flor/ por su aire de monjes, sus largos cabellos/ su savia, ruidos y nidos de amor”.

“Oh pinos antiguos que agitara el viento/ de las epopeyas, amados del sol” (La Eneida. La canción de Dido)

“Los brazos eolios se mueven al paso/ del aire violento que forma al pasar/ ruidos de pluma, ruidos de raso,/ ruidos de agua y espumas de mar”.

Y luego el amargor: “Oh noche en que trajo tu mano Destino/ aquella amargura que aún hoy es dolor”. Irrumpe el Modernismo con estos extraordinarios versos: “La luna argentaba lo negro de un pino/ y fui consolado por un ruiseñor”.

Y el reconocimiento de su origen “Románticos somos… ¿Quién que Es no es romántico?/ Aquel que no sienta ni amor ni dolor,/ aquel que no sepa de beso y de cántico/ que se ahorque de un pino: será lo mejor”.

Los otros, está claro, porque: el remate Vanguardista: “Yo no… Yo persisto. Pretéritas normas/ confirman mi anhelo, mi ser, mi existir/ yo soy el amante de ensueños y formas/ que viene de lejos y va al porvenir”.

*Escritor

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