Javier Robles tras su recuperación: «Nunca pensé que mi carrera estuviera en riesgo»

El caso de Javier Robles no tiene explicación lógica. Los que no creen en un ser supremo dirán que es la suerte, los supersticiosos que había embrujo y el muchacho de Esquipulas: "Dios me protegió"

Javier Robles durante el segundo día de entrenamiento con la Preselección Nacional. LAPRENSA/CORTESÍA

El caso de Javier Robles no tiene explicación lógica. Los que no creen en un ser supremo dirán que es la suerte, los supersticiosos que había embrujo y el muchacho de Esquipulas: «Dios me protegió». Solo se necesita recordar la jugada cuando Nelson León envió una recta descontrolada, mientras Robles intentaba tocar la pelota. El lanzamiento sin brújula encontró refugio chocando como un meteorito en época de dinosaurios en la mandíbula del jardinero derecho. El impacto fue terrorífico y todos quedaron petrificados viendo como el bateador se tomaba la quijada y su boca se llenaba de sangre. El joven más aventajado y con proyecciones de impactar en nuestra pelota se tambaleaba en televisión abierta, como si se tratara el drama de una serie.

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Robles confiesa que no sintió dolor en ese momento. «Cuando me impactó la pelota solo me fui al suelo y empecé a estar recordando lo que me había pasado y ahí me di cuenta que no había perdido la consciencia. Siempre me sostuve la quijada para ver si no tenía más lesión. Dolor no sentía en el calor del partido pero cuando llegué al hospital y me hicieron las puntadas era doloroso», indica el pelotero, ya reportado a las prácticas de la Selección Nacional.

Estando en el hospital y tras practicarle los exámenes de rigor el resultado fue: no ha pasado nada grave. «Tendrás dolores en toda tu cabeza durante unos 15 días», eso le dijo el docto, pero no ocurrió. Hasta el momento no siente ninguna secuela. «Cuando estaba en el hospital, los doctores ve que tengo roto el labio y dentro estaba partido por completo. Ahí yo movía la quijada y me di cuenta que no había una fractura. Al principio me puse a pensar en el viaje a Brasil y decía que ojalá Dios quiera que no me pierda el viaje porque me dio miedo no ir con la Selección. Nunca creí que mi carrera estuviera en riesgo», relató.

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Su esposa fue clave en la recuperación. Robles encontró en ella el cuidado y las atenciones requeridas para volver al campo.  Su mánager, Julio Sánchez, agrega: «Nos asustó a todos. Osman Manzanares no regresó igual después del golpe, de Robles habría que ver el comportamiento en los juegos, me dejó impresionado que se recuperó rápido. Un pelotazo no es fácil, no lo vimos con mucho ritmo de bateo en su primer día, pero es joven y fuerte e irá mejorando», señaló el estratega.

Cuando se le pregunta a Robles sobre su estado psicológico, no oculta un poco de temor, en medio de su sinceridad refleja su modo luchador, el mismo que le consiguió una firma con los Bravos de Atlanta, el que le abrió una puerta con los Indios del Bóer y ese mismo instinto que lo ha llevado a ser uno de los mejores peloteros de Nicaragua. «Todavía no me ha tocado enfrentar pitcheo y creo que tendré temor en los primeros turnos pero buscaré un casco con más protección y seguro se me pasará», concluyó.

 

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