Zona de Strikes: Mariano Rivera por poco ni comienza en el beisbol

Mariano Rivera había sido descartado como prospecto jugando el shortstop, pero como lanzador, sí gustó al scout de los Yanquis, Carlos Heron

Jonathan Loáisiga

Edgard Rodríguez C.

Mariano Rivera está ahora en la boca de todos, pero al principio sintió el desprecio.

Cuando Carlos “Chico” Heron vio al chavalo angosto y espigado que le llevó Claudino Hernández otra vez, su primera reacción fue de molestia: “vaya la vida, pero si a este pela’o ya lo vi”.

“No ‘Chico’, es que ahora es lanzador”, insistió Claudino y al veterano scout de los Yanquis le gustó lo que miraba ahora desde el montículo.

Rivera había sido receptor en Puerto Caimito, pero la primera vez que Heron lo vio fue en las paradas cortas y no le atrajo para nada. Así que cuando lo volvió a ver, su prejuicio se activó.

Sin embargo su percepción fue cambiando a medida que Mariano Rivera mostraba fluidez en las acciones de su brazo, más que su velocidad o amplitud en el repertorio.

“Decidí dejarlo para entrenarlo. Yo le daba el pasaje y vieras cómo reclamaba cuando no se lo daba completo solo por molestarlo”, recordaba sonriendo Heron, ya fallecido.

Rivera tenía entonces 20 años y su recta alcanzaba 85-87 millas. Heron junto a Herby Raybourn lo firmaron por dos mil dólares en 1990 y lo enviaron a EE. UU. , donde quemó la Liga de la Costa del Golfo con 5-1 y un espectacular 0.17 en efectividad, más 58 ponches en 52 innings.

Mark Newman, antiguo vicepresidente de los Yanquis, le prometió que le daría su reloj si ganaba el liderato en efectividad de la liga ese año y justo el día que terminó esa temporada, Newman recibió una llamada con una consulta muy directa: ¿cuándo me va a entregar el reloj?

El brazo de Rivera se afectó y necesitó cirugía en 1992, pero después de reponerse y mostrar progresos, debutó en las Ligas Mayores en 1995 con 5-3 y 5.51, como abridor, antes de ser designado relevista, quizá la mejor decisión en toda su vida deportiva.

Ahora Mariano recibe los honores que se ganó por su entrega, integridad y consistencia a largo de una carrera que dejó muy alta la barra para las futuras generaciones.

«Una de las claves en mi carrera es que yo le voy al toro por los cuernos, no ando con rodeos con los bateadores», me dijo la primera vez que conversé con él en 1996.

Eso lo vimos a través de su magistral trayectoria, siempre con su recta cortada, que todos sabían que la lanzaría y que nadie le bateaba, y que ahora lo lleva al Salón de la Fama y de manera unánime, algo sin precedentes en el beisbol.

Sigue a Edgard Rodríguez en Twitter: @EdRod16

 

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