La blasfemia un tema controversial, 30 años después del caso Rushdie

Actualmente, el caso Rushdie preocupa sobre todo a los "ayatolás más radicales" de Irán, opina Clément Therme, del International Institute for Strategic Studies

El escritor británico Salman Rushdie. LA PRENSA/AFP/Joel Saget

Treinta años después de la fetua instando a matar al escritor británico Salman Rushdie, el odio de los extremistas contra este autor permanece intacto y el debate sobre la blasfemia sigue siendo explosivo.

La aparición de su novela Los versos satánicos fue acogida con manifestaciones en varios países. El escándalo generado contribuyó a limitar los debates sobre el islam, y la situación apenas ha cambiado actualmente, según los analistas.

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La fetua fue emitida por el ayatolá Ruholá Jomeini, guía supremo de la Revolución Islámica iraní, el 14 de febrero de 1989.

La víspera, miles de manifestantes habían atacado el Centro Cultural Estadounidense en Islamabad. Cinco personas murieron en los enfrentamientos.

El periodista paquistaní Shahid ur Rehman fue uno de los primeros en llegar al lugar, y vio a la muchedumbre encaramarse a la azotea del inmueble y arrancar la bandera estadounidense, antes de que la policía interviniera con gases lacrimógenos, y luego con balas reales.

La novela de Rushdie cayó como un bomba en todo el mundo musulmán. Entonces, la revolución iraní solo tenía diez años y la URSS estaba en plena agonía tras su expulsión de Afganistán, un acontecimiento cuya paternidad reivindicaron los musulmanes en general, y los de Pakistán en especial.

«Tan odiado como antes»

Rushdie es actualmente «tan odiado (….) como entonces», subraya el erudito religioso Tahir Mahmood Ashrafi. Pero «la gente no puede protestar 30 años seguidos» explica.

Y la blasfemia sigue siendo un tema explosivo para los extremistas musulmanes.

Varias personalidades han sido asesinadas en Pakistán en los últimos años, y varios países europeos amenazados.

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El caso de la cristiana Asia Bibi, condenada a muerte por blasfemia y luego absuelta el año pasado, provocó varios días de disturbios y violencias en el país.

Para Ashrafi, la aparición de la novela «justifica» la existencia de leyes antiblasfemia. Sin ellas, «gente como Rushdie va a seguir hiriendo los sentimientos religiosos de los musulmanes».

Para el analista Jalid Ahmed, autor de un libro sobre la fractura religiosa en Pakistán, la fetua supuso el inicio de la «terrible decadencia» del discurso intelectual del islam.

El llamado de Jomeini fue «catastrófico para la libertad de creación, de literatura y de pensamiento», coincide el periodista y novelista egipcio Ibrahim Issa.

Otras fetuas habían sido lanzadas previamente contra escritores, pero procedían en general de «pequeños grupúsculos extremistas», contrariamente a la de Jomeini.

«Era un momento sombrío que, treinta años después, nos recuerda hasta qué punto la injerencia de la religión en la libertad de expresión es peligrosa». asegura.

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El actual guía supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, ha reiterado varias veces la sentencia contra el escritor, la última vez en 2015.

El gobierno iraní se comprometió en 1998 a no aplicar la fetua pero semejante decreto «no es revocable», según Mehdi Abutalebi, religioso y doctor en ciencias políticas del influyente Instituto de investigación Imán Jomeini, en Qom.
«Aunque pasen 800 años, la sentencia sigue siendo la misma», dice a la AFP.

 «Fatiga revolucionaria»

La fetua causó varias crisis diplomáticas, lo mismo que otros casos de blasfemia, como los de las caricaturas de Mahoma publicadas en Dinamarca en 2005.

Política y religión están a menudo íntimamente vinculados en Irán. «Por ejemplo, nuestra disputa con Estados Unidos no se centra en la economía o el dinero (…), se trata íntegramente de nuestras creencias y nuestra religión», afirma Abutalebi.

Actualmente, el caso Rushdie preocupa sobre todo a los «ayatolás más radicales» de Irán, opina Clément Therme, del International Institute for Strategic Studies.

Al margen de ellos, «hay una voluntad de evitar el tema en el plano nacional, ya que hay una fatiga revolucionaria en el seno de la población iraní», explica.

Y «en un contexto de creciente aislamiento de Irán, la Realpolitik impone a los dirigentes iraníes evitar una escalada sobre el tema con los países europeos», concluye.

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