“Mi error y mi calvario, fue haber dicho no a la represión»: habla el antimotín encarcelado por negarse a disparar a manifestantes

“Dormía en el piso como cualquier perro, pasaban cucarachas y los funcionarios nos trataban súper mal… era un trato inhumano", relató el expolicía Julio Espinoza.

Este domingo la casa del expolicía antimotín Julio César Espinoza, estuvo frecuentada por vecinos que le aprecian y que conocen de su inocencia. Tras haberse negado a reprimir las protestas, se convirtió en otro reo político del régimen de Daniel Ortega. Fue acusado de terrorismo, y de uso indebido de uniforme. Espinoza volvía a casa.

En la primera causa, la juez Nancy Aguirre, titular del Juzgado Décimo Distrito Penal de Juicio de Managua, le decretó 15 años de prisión. Se le señalaba también de cometer delitos de crimen organizado, vandalismo, tenencia ilegal de armas de fuego, lavado de dinero, secuestro simple, destrucción a la propiedad pública y privada, robo con intimidación y extorsión. Por estos otros delitos, no se le ha juzgado.


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El antimotín Julio Espinoza, a quien se le otorgó régimen de convivencia familiar. LA PRENSA/Mynor García

El infierno de las mazmorras del régimen

“Mi error y mi calvario, fue haber dicho no a la represión…”, sostuvo Julio Espinoza, quien es oriundo de San Marcos. Siete meses estuvo tras las rejas, pero este sábado le otorgaron el beneficio de casa por cárcel. En La Modelo, estuvo en la celda 001 y cuenta que ahí vivió un infierno, además nunca se imaginó ser víctima del gobierno.

“Dormía en el piso como cualquier perro, pasaban cucarachas y los funcionarios nos trataban súper mal… era un trato inhumano”, detalló el caraceño.  También mencionó que  el medicamento que tomaba para evitar las convulsiones, se lo negaban, y que la comida que les daban iba con virutas (pequeños trozos de metal) y piedras.

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También fue golpeado

Manifiesta que renunció a su trabajo por problemas de salud y porque no estaba de acuerdo con las medidas represivas que implementó el gobierno en contra de los manifestantes autoconvocados. “Hay un juramento en la policía que establece lealtad a nuestra patria y a nuestro pueblo y yo tomé esos principios. Vi muchas injusticias”, dijo Julio Espinoza.

El 19 de febrero, cuenta que junto a otros presos cantó el Himno Nacional y que como castigo recibió una paliza. “Nos golpearon, nos agarraron a golpes y a patadas, nos lanzaron gas lacrimógeno y gas pimienta. Dos veces convulsioné y tengo un diente quebrado por dentro, Dios hizo el milagro de sacarme y a él se lo debo”, contó.

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Cuando Julio Espinoza fue sacado de la celda, pensó que sería enviado a otra celda de mayor seguridad, pero luego le informaron que sería entregado a sus familiares. A pesar del calvario que le ha tocado vivir, Julio sigue pensando en ser policía, pero espera que haya un cambio en la institución y que se ponga en práctica los valores que una vez se les enseñó. En la celda donde estuvo, había 15 reos, pero solo él fue enviado a su casa de habitación. Por el momento no piensa en trabajo, solo desea descansar.

Baja deshonrosa

Por haber puesto su renuncia, fue dado de baja deshonrosa y luego en agosto pasado fue secuestrado por policías y paramilitares. Llevaba cinco años de servicio en la ahora cuestionada institución policial. El 19 de abril, recibió una pedrada en la cabeza durante una manifestación de los autoconvocados en Masaya. Fue enviado de subsidio y mientras se recuperaba, vio los abusos de sus compañeros, por lo que decidió tramitar su retiro. Las convulsiones de las que padece, es producto de ese golpe.

Su cuñado Raymundo Gutiérrez López, su padrastro Alejandro Bermúdez y su vecino, Wilmer Baltodano, siguen en prisión en la celda 001. Ellos fueron también sentenciados a 15 años de prisión por el delito de terrorismo.