Barrer para afuera

La característica esencial de la dictadura familiar de Ortega es la exclusión política, incluso dentro del propio FSLN, hasta terminar en la masacre de 2018

Ortega, Silvio Baéz

La crisis actual de Nicaragua era inevitable, aunque a todos nos sorprendió el momento en que se desencadenó. Esa es la tesis principal del libro sobre El régimen de Ortega. ¿Una nueva dictadura familiar en el continente?, que presentamos en octubre de 2016 pocos días antes de las elecciones de noviembre de ese año. Es decir, año y medio antes que estallara la crisis.

Es un libro coral y plural, escrito por diversos autores y con diferentes ideologías, en el cual analizamos la inevitabilidad de la crisis que anticipábamos desde diversos ángulos: legal, electoral, económico, social y político. No era necesario ser adivino para tener la certeza de la crisis que se nos venía.

Me he acordado del libro porque ayer fui entrevistado en el Canal 10 de TV y, a una pregunta, respondí que la Nicaragua que buscamos en las negociaciones que se llevan a cabo para solucionar pacíficamente la crisis, cabemos todos, incluso los orteguistas.

La característica esencial de la dictadura familiar de Ortega es la exclusión política, incluso dentro del propio FSLN, hasta terminar en la masacre de 2018. Es decir, la intolerancia frente a la diferencia, frente a la discrepancia, el intento inútil de uniformar políticamente bajo su manto dinástico. En las elecciones del año de la publicación del libro se había excluido a toda la oposición, incluso al sector liberal liderado por Eduardo Montealegre, porque Ortega temió se repitiera el desafío que la oposición unificada le había planteado en las elecciones de 2011, con la candidatura de Fabio Gadea Mantilla.

Pero la exclusión de la verdadera oposición en 2016 no solamente fue por evitar el desafío anotado, sino por razones ideológicas: en la Cumbre de las Américas de Trinidad y Tobago en 2009, Ortega había dicho que “en Cuba hay democracia, y una democracia en la que no se divide al pueblo, porque en las democracias que nos han impuesto a nosotros, desde el momento que se propician partidos, se está propiciando la división de los pueblos, división que ha llevado incluso a guerras entre partidos. La historia de América Latina está plagada de guerras entre partidos, y todo esto, sencillamente, porque esas son las directrices del imperio. La democracia es esa y esa es la que hay que aplicar”.

Es decir, Ortega se había anticipado a la “trilogía de la tiranía”, como se le etiquetó recientemente, al intentar repetir el “régimen de partido único en donde desaparezca la pluralidad ideológica y de partidos políticos”, del cual había advertido premonitoriamente la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN) en su comunicado del 14 de junio de 2016.

En la Nicaragua que queremos, cabemos todos. Esa es la diferencia entre Ortega y los nicaragüenses.

El autor fue candidato a la Presidencia de Nicaragua.

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