¿Hasta dónde? ¿Hasta cuándo?

Esta revolución será cívica y moral o no será. Estamos casi como al inicio y peor aun configurándose un cuadro de “continuación de la política por medio de la guerra”

Vamos arribando al primer aniversario de los sucesos del 18 y 19 de abril del 2018 que dieron origen al asesinato a mansalva de cientos de compatriotas, la encarcelación de otros, el exilio de otros miles y a una de las peores crisis humanas, sociopolíticas y económicas en nuestra historia y que se mantiene anclada en “modo de espera”, mientras la nación y su economía se deterioran cada vez más rápido y nada relevante en materia de negociaciones ha sucedido.

La estratagema oficial mantiene ocupados a los negociadores con maniobras distractivas que no les permiten entrar al fondo a la sustancia de los temas a discutir, pero también y desde afuera de la mesa, núcleos radicales pretenden atizar una nueva insurrección popular, que a todas luces la gran mayoría de los nicaragüenses rechazamos.

Esta revolución será cívica y moral o no será. Estamos casi como al inicio y peor aun configurándose un cuadro de “continuación de la política por medio de la guerra”. La estrategia gubernamental se ha consolidado en el objetivo de mantener al país bajo la amenaza y el terror que impone una policía política devenida ya en Guardia Nacional. El último y orgulloso anuncio es que han incorporado más de 400 nuevos elementos preparados por una unidad especializada en “operaciones especiales” verbo y gracia, en reprimir bajo métodos y técnicas “modernas” como que la modernidad se congenia con la barbarie.

Otra noticia digna de Ripley en el país más pobre del continente es que se ha construido un anexo del Chipote popularmente conocido como el Chipote II, también puesto en escena con fanfarria y redoble de tambores, en esta Nicaragua empobrecida y reprimida.

Es irónico que donde no se construyen plantas industriales ni nuevos centros laborales se construye una nueva cárcel también “moderna” seguramente para guardar allí a los terroristas nicas que ya superan a los terroristas del Estado Islámico. Mientras por un lado se envía a sus casas bajo el “régimen de convivencia familiar” a privados de libertad por razones políticas, por el otro se envían a prisión nuevas “cartas de negociación” en el bloom gubernamental que juega al póker internacional con los ciudadanos como piezas de canje.

Lo dramático es que la mesa del diálogo, hasta este momento, se ve ausente e ineficiente ante la estrategia gubernamental que persigue como objetivo ganar la guerra contra su propio pueblo, causándonos en ese objetivo el destino final del madurismo en Venezuela.

De nuevo abril regresa crucial en nuestra historia patria y este abril del año 2019 marcará la diferencia entre el pasado oprobioso de dictadura, represión y muerte y un futuro de paz con democracia y en libertad, como los nicaragüenses deseamos y merecemos.

El autor es miembro del CEN del Partido Ciudadanos por la Libertad.

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