Theresa May promete dejar su cargo como primera ministra tras la aprobación del Brexit

"Sé que existe el deseo de un nuevo enfoque -y un nuevo liderazgo- en la segunda fase de las negociaciones de Brexit, y no me opondré a ello", aseguró

Theresa May

Para poder esperar que el texto sea aprobado en una tercera votación -organizada tal vez este jueves o viernes-, Theresa May necesita convencer al menos a 75 de sus propios legisladores. LA PRENSA/AFP

La primera ministra británica, Theresa May prometió a sus diputados dejar el cargo en cuanto logre sacar al país de la Unión Europea, su última carta para salvar su impopular acuerdo del Brexit.

«Sé que a algunos de ustedes les preocupa que si votan a favor del Tratado de Retirada, lo tomaré como un mandato para pasar rápidamente a la segunda fase de negociación (…) No lo haré», prometió durante una reunión con los diputados de su Partido Conservador.

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«Sé que existe el deseo de un nuevo enfoque -y un nuevo liderazgo- en la segunda fase de las negociaciones de Brexit, y no me opondré a ello», agregó con la esperanza de dar un vuelco a la situación en un momento decisivo para el caótico proceso de salida de la UE.

Tras acordar a Londres un corto aplazamiento en la fecha del Brexit, inicialmente prevista para este viernes, la UE advirtió que si Reino Unido no adopta el acuerdo esta semana deberá presentar un plan B antes del 12 de abril.

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Ante esta perspectiva, y después de haber rechazado dos veces estrepitosamente el texto cerrado por May con Bruselas, los diputados tomaron el control de la agenda de debates y el miércoles trataban posibles alternativas que van desde negociar una unión aduanera con la UE hasta convocar un segundo referéndum, pasando por la anulación pura y dura de todo el proceso.

«Una elección muy desagradable»

En una cámara muy dividida, la toma de control por los diputados puede tardar más de un día en dar el resultado perseguido: identificar que opción u opciones tendrían el respaldo de la mayoría. Sin embargo, incrementa las posibilidades de que se opte por un Brexit más suave o por pedir un largo aplazamiento de la fecha de salida.

Ante el Parlamento Europeo en Estrasburgo, el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, pidió el miércoles a los eurodiputados que estén «abiertos a una larga prórroga si Reino Unido desea repensar su estrategia sobre el Brexit».

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May confía en que esta perspectiva acabe convenciendo a los euroescépticos rebeldes dentro de su partido de la necesidad de aprobar su acuerdo. Y el miércoles la estrategia parecía empezar a dar sus frutos. «Nos enfrentamos a una elección muy desagradable. Creo que hemos llegado al punto en que es mejor marcharse legalmente que no marcharse en absoluto», dijo a la radio BBC 4 el conservador Jacob Rees-Mogg, líder del principal grupo euroescéptico.

Para poder esperar que el texto sea aprobado en una tercera votación -organizada tal vez este jueves o viernes-, May necesita convencer al menos a 75 de sus propios legisladores. Y varios de ellos habían pedido a cambio que abandonase la dirección del partido y del gobierno.

«Encontrar un plan B»

Mientras tanto, la Cámara de los Comunes, muchos de cuyos miembros acusan a May de haber perdido el tiempo insistiendo durante meses en un texto que desagrada a euroescépticos y proeuropeos, había decidido a principios de semana arrebatarle al gobierno el manejo de la agenda de debates para organizar una serie de «votos indicativos».

Tras varias horas de debates, los diputados votaban a partir de las 19h00 (locales y GMT) sobre todas las opciones que consideran aceptables, con el objetivo de llegar a un consenso. El resultado se conocerá dos horas más tarde.

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Esta primera votación debe permitir determinar las alternativas más populares, antes de alcanzar una conclusión final en otra sesión el próximo lunes.

May dijo no confiar en que los diputados logren ponerse de acuerdo, pero advirtió que si lo consiguen no está obligada a acatar el resultado de una votación que no es vinculante.

Si el gobierno no acepta su decisión, algunos diputados amenazaron con presentar una proposición de ley para obligarle a hacerlo.

Es un movimiento parlamentario sin precedentes y para los detractores de la primera ministra demuestra que ésta ha perdido totalmente el control cuando el tiempo se le echa encima.

«Se debe encontrar un plan B para proteger a los trabajadores y a la economía», lanzó el líder de la oposición, el laborista Jeremy Corbyn.

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