¿Cuál es la clave?

Acostumbrado a los alojamientos en giras de trabajo, hago siempre un ránking personal de los lugares en función de la comodidad, conveniencia, nivel de atención y trato, limpieza y precio relativo. Esto para seleccionar a futuro los lugares de alojamiento preferidos.

Me dijeron: “Verás qué buen hotel el que te seleccionamos”, en donde me reservaron dos habitaciones, para mí y mi asistente, en la penúltima parada de una extendida gira de formaciones para una importante empresa exportadora nicaragüense.

Llegamos tarde a eso de las 10.30 pm. Nos recibió el encargado, un diligente joven, Alfredo, quien de forma muy amable nos efectuó en tiempo récord el proceso de registro, atendidos desde la entrada de este pequeño hotel, ubicado en la zona céntrica de la ciudad, muy convenientemente para efectuar diligencias.

El local en sí mismo era engañosamente pequeño; la fachada escondía magníficamente unas espaciosas instalaciones posteriores decoradas con excelente gusto, en tonos pastel, transitando por dos pasadizos suavemente inclinados hacia el segundo nivel en donde estaban las habitaciones, cada una con nombres alusivos a la geografía de este departamento del norte nicaragüense. Nada de esos anónimos y adocenados números de cuarto, que lo hacen a uno recordar que al cliente lo consideran una cifra más, o simplemente, un simple cuarto.

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Alfredo en persona también nos ayudó diligentemente con las maletas, de previo haberme auxiliado con la ubicación del automóvil en el parqueo adyacente, en donde quedarían perfectamente resguardados los equipos, útiles y materiales que son nuestros pertrechos de trabajo.

Acostumbrado a los alojamientos en giras de trabajo, hago siempre un ránking personal de los lugares en función de la comodidad, conveniencia, nivel de atención y trato, limpieza y precio relativo. Esto para seleccionar a futuro los lugares de alojamiento preferidos.

Al ingresar a la habitación pude notar su encantador arreglo y decoración, su limpieza inmaculada, el tamaño de la cama, la dotación de aire acondicionado y ventilador de techo, el televisor de pared, así como la apariencia general, incluyendo la escrupulosa limpieza del baño. El surtidor de agua caliente funcionaba de inmediato y la perfección, el suministro de agua era de fuerte caudal, sin fallas, con dotación nueva de jabón y otros.

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La habitación contaba con wi-fi impecable, rápido, sin latencias o interrupciones, lo cual es un factor de alta valoración para el cliente contemporáneo, quien busca no solamente comodidad, rapidez y amabilidad en el servicio, sino también, posibilidades técnicas para continuar el trabajo después de horas hábiles.

Cualquiera pensará que esto es “lo normal”, pero esta es frecuentemente engañosa, pues la cotidianidad del servicio en los hoteles artesanales de viajeros es que sus estándares oscilan -entre ninguno, malos y regulares-, sin destacarse en la consistencia de un servicio destacado, mucho menos en la amabilidad de su personal, sin mencionar la calidad de la alimentación, entre otros detalles y prestaciones.

El sueño fue muy reparador, nada de ruidos de camiones y buses acelerando al arrancar, bulla, borrachos y gente escandalosa gritando en las madrugadas -como en el hotel de pesadilla en donde pernoctamos la víspera-, siendo este contraste útil para identificar lo que es valioso para los clientes, quienes deciden si regresar o no a un lugar, basados en la soberanía del consumidor, es decir, otorgando el dinero al proveedor que a uno lo satisfaga más.

“Nunca subestime el poder de una noche de buen descanso”, rezaba hace varios años el eslogan de una cadena hotelera internacional, cuya verdad sigue siendo autoevidente e imperecedera, puesto que la importancia de llevar reposado el cuerpo y la mente en calma, sin desvelos y sin perturbaciones, es una precondición para el éxito.

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El desayuno estaba incluido en el cargo de la habitación -y muy diferente de las hojuelas de maíz y alguna que otra fruta de ocasión que acostumbran poner para apenas picotear algunos establecimientos-, este tenía también servicio a la carta -por el mismo precio- complementado también con una excelente dotación de frutas y cereales diversos.

El registro para la salida fue extraordinariamente expedito, amable, sin atrasos; acompañándonos el encargado hasta el parqueo para garantizar la integridad del vehículo, despidiéndonos en forma genuinamente amable.

Mi calificación del sitio: 100 puntos sobre 100, para esa ecuación subjetiva pero real, que uno como cliente realiza para reiterar o no la compra del productoservicio y recomendarlo a otros, -pero sobre todo-, como un pequeño homenaje al gran esfuerzo, tesón y dedicación por quienes trabajan diariamente por alcanzar y sostener la máxima excelencia.

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