Un Ricardo Mayorga sin reflejos, agotado y confundido fue destrozado por Léster Martínez

En el segundo asalto Ricardo Mayorga salió sin reflejos, agotado y confundido. No se puede decir que al nicaragüense le faltó espíritu y coraje. Se paró al intercambio, solo que el tiempo no perdona

Ricardo Mayorga y Léster Martínez en el combate más importante de la velada. LAPRENSA/CORTESÍA BYRON DE LA CRUZ

Hay que empezar por el epílogo. Ahora Ricardo Mayorga deberá digerir sus palabras. Cayó por nocaut técnico en el segundo asalto por la piedad del réferi. Estaba arrinconado, apoyándose de las cuerdas, unas 1,500 personas en Ciudad de Guatemala gritaban «Léster, Léster, Léster», la euforia en su máxima esplendor. El nicaragüense se había convertido de un bicampeón mundial a un saco de box de carne y hueso en el cual Léster Martínez probaba su puntería. No había sentido seguir, las palabras de la conferencia de prensa fueron solo fuegos artificiales, porque la verdadera dinamita la puso el guatemalteco. El Matador debe agradecer que no tuvo un final apocalíptico.

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Existía tanta rabia acumulada en el oponente de Mayorga que no hubo estudio. Se soltó como una fiera en su selva, en donde sobrevive el más fuerte. Comenzó a intercambiar golpes, aduciendo que el peso del puño del Matador estaba disipado. Mayorga soportó la derecha en volado y la izquierda en cruzado, arrugaba la cara, tenía la mirada un poco perdida, veía con desesperación a su esquina esperando la campanada final. Salió del coma del primer episodio. «Sentí que le pesa un poco la mano», comentó al final Martínez, pero eso no fue impedimento de su objetivo. Un muchacho con la cabeza bien puesta y con ideas claras, además de un futuro prometedor deleitaba a su afición, sin tener oposición.

En el segundo asalto Mayorga salió sin reflejos, agotado y confundido. No se puede decir que al nicaragüense le faltó espíritu y coraje. Se paró al intercambio, solo que el tiempo no perdona. A los 46 años su mente puede procesar la siguiente movida, pero su cuerpo no la ejecuta. Resistió hasta donde sus piernas le ayudaron. Su calvario finalizó cuando el tercer hombre del ring detuvo el combate. Un peleador que solo absorbe reducción de vida por la magnitud del golpeo del  chapín causa lástima en los demás. El Matador ya estaba en trance en el matadero, era mejor la imagen en pie, que despedirse de rodillas sobre la fría lona.

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Curiosamente, Mayorga dijo posteriormente que no se retira. «Dos peleas más y le digo adiós al boxeo», mencionó al final. Su entrenador y amigo, Luis León, le recomendó colgar los guantes, pero siempre Ricardo tiene la última palabra de su agónica carrera. No obstante, deberá estar satisfecho que logró su cometido: causar impacto en un país mudo del boxeo profesional y salir con vida del cuadrilátero. Por cierto, no creo que cumpla su promesa de regresarse caminando, el avión lo espera este domingo.

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