Zona de Strikes: Norman Cardoze era un bateador feroz

Norman Cardoze logró cifras muy respetables, que sin embargo, debieron ser mucho mejores si ha tenido un poco de disciplina a través de su carrera

Edgard Rodríguez C.

Aún recordamos la cara de asombro de los narradores cubanos Roberto Pacheco y Héctor Rodríguez mientras preguntaban ¿de dónde han sacado a ese tipo, a Cardoze?

Norman Cardoze junto a Danilo Sotelo, recién habían liderado el bravo ataque nicaragüense contra el picheo antillano, en un vibrante juego en el Preolímpico de Edmonton. Era agosto de 1995.

Para entonces nosotros sí sabíamos quién era Cardoze. Había iniciado en 1988 con el San Fernando sin dejar rastro. Tampoco lo hizo en 1989, 1990 y 1991, pero en 1992 logró zafarse de la mediocridad.

Cardoze terminó la campaña de ese año con .296, 20 jonrones y 51 remolques, mientras se convertía en el ombligo del ataque fernandino. En 1993 se elevó a .352, con 27 bombazos y 80 empujadas.

Su crecimiento continuó sin pausas y cuando Julio Medina dijo no más, Cardoze estaba listo para ocupar su puesto. En el Preolímpico atacó con furia (.526, 19-10) y comenzó a escribir su brillante historia.

Su bate continuó caliente en la Copa Intercontinental de Cuba de ese 1995, donde acumuló .350 (20-7), con tres jonrones y nueve empujadas. Ese año (1995) resumió .393, con siete tablazos a las gradas y 20 empujadas.

“Buenas noches, usted ha llamado a la oficina de la ‘columna vertebral’ de la Selección Nacional, ¿en qué le podemos servir?” solía contestar Norman cuando se le llamaba a su habitación en el hotel donde se hospedaba el equipo nica.

Su compañero de cuarto en la selección era el leonés Henry Roa. De ahí que se autonombrara la “columna vertebral”. Y lo eran. En esos bates descansó el mayor peso del ataque pinolero entre 1995 y 2007.

«Guaracha» fue un factor clave

Cardoze terminó su carrera a nivel local con .317 de promedio en 4,371 turnos, con 183 jonrones y 780 remolques. Su mejor año fue 1997, cuando resumió .414, 25 jonrones y 74 remolques en 62 partidos.

Pero Norman no fue pelotero fácil. Muy a menudo se insubordinaba. Más que los lanzadores contrarios, fue su propia indisciplina lo que le impidió lograr mejores cifras. Le gustaba fastidiar a los demás.

Su talento era indiscutible, pero Alberto «Guaracha» Castellón fue una pieza clave en su desarrollo. De palabra y mano dura, Castellón lo trataba con rudeza, pero logró explotar mucho de su potencial.

El momento cumbre de su carrera fue el 7 de abril del 2004, cuando disparó un jonrón contra Oswaldo Mairena en el séptimo juego de la Final contra el Chinandega, ganada por el San Fernando ante su gente.

“Debió ser firmado”, dijo en cierta ocasión Pedro Ramos, el exbig leaguer cubano que fue coach y scout. “Poder en su bate, brazo poderoso y defensa segura”, argumentó.

Y así fue. Cardoze era un cañón humeante, dentro y fuera del país, tenía un brazo prodigioso y una defensa solvente en tercera, el shortstop y la segunda base. Un inmortal.

 

 

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