Tropezar con la misma piedra

La historia nos enseña cuántas veces hemos tropezado con la misma piedra y nunca hemos aprendido la lección. Aprendámosla ahora

jóvenes, Nicaragua

CARTAS DE AMOR A NICARAGUA

Querida Nicaragua: Con mucha frecuencia hablo con mis viejos amigos de la Contra, gente experimentada en asuntos bélicos. Estos eran civiles armados, convencidos de que la única manera de cambiar el gobierno de Ortega en los años ochenta era la lucha armada, la guerrilla en las montañas. Hoy no piensan de la misma manera, saben del sufrimiento, la muerte, la miseria, la escasez, el dolor de centenares de familias. Ese camino es demasiado costoso, me dijo el doctor Henry, un médico y combatiente de la Contra.

Pienso que tiene toda la razón. La historia nos enseña cuántas veces hemos tropezado con la misma piedra y nunca hemos aprendido la lección. Aprendámosla ahora. Cualquier solución por muy dolorosa que sea es preferible a una guerra entre hermanos. Recordemos el espeluznante Servicio Militar Obligatorio disfrazado eufemísticamente con el nombre de “patriótico”. Familias angustiadas buscando cómo esconder a sus hijos, algunas con cierta disponibilidad económica sacando a sus hijos adolescentes por las fronteras sur o norte. Es preciso recordar las penurias de aquella guerra, el hambre, la miseria, la escasez, la intranquilidad, la incertidumbre, el temor impuesto en toda la nación, y es preciso recordarlo porque miles de muchachos de hoy que nacieron después del año noventa, cuando doña Violeta tomó el poder, no tienen idea de lo que se vivió en esos tiempos de guerra, tan indolentemente proclamados hoy como solución por algunos jóvenes. En los colegios debería enseñarse a los alumnos lo que significan la guerra y la paz, el contraste que existe entre la una y la otra. Y no hablo de los jóvenes con posibilidades económicas a quienes no les interesan estos asuntos y viven en un mundo artificial lleno de películas de guerras interplanetarias y trucos cibernéticos. Hablo de esa inmensa mayoría que desesperada busca un empleo, que a duras penas come gallo pinto, que vive las penurias de toda su familia y que muchas veces estalla en cólera buscando soluciones imposibles.

Los hombres adultos con experiencia que hemos visto episodio por episodio la tragedia de las guerra intestinas ayudemos en algo a resolver el problema que actualmente vivimos. No está demás decirlo. Una nueva guerra civil tendrá un jefe y ese al triunfar se instalará en el poder igual que todos los jefes militares que hemos tenido y se soldará al trono presidencial y empezará a repartir prebendas entre quienes lo apoyen y al poco tiempo dominará todos los poderes del Estado y dirá como se ha dicho aquí, “elecciones para qué”. Mi reconocimiento a la Alianza Cívica por la Democracia que está haciendo todos los esfuerzos para lograr una solución razonable. Dios bendiga a Nicaragua.

El autor fue candidato a la Presidencia de Nicaragua.