La sonrisa del campesino Medardo Mairena

Medardo Mairena conoció el infierno y le han ofrecido el cielo. En la cárcel le ofrecieron su libertad, casa, camionetas, a cambio de implicar inocentes. Fuera de la cárcel, lo tratan como héroe y le hablan de ser presidente. Él solo quiere regresar a Punta Gorda donde era feliz como campesino

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Desde que salieron de la cárcel, hace apenas seis días, Medardo Mairena y su compañero Pedro Mena son recibidos como héroes a donde llegan. El miércoles pasado, los periodistas ávidos de entrevistar a Mairena, tuvieron que esperar más de un cuarto de hora para poder hacerle la primera pregunta en las instalaciones de la Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH), porque en la entrada varias personas lo abrazaron, lo besaron y se tomaron fotos con él.

Con una sonrisa casi permanente en el rostro, a veces también sereno, pero no amargado, Mairena trata de ocultar los flagelos que sufrió los 11 meses que pasó, primero en el Chipote, y luego en una celda de máxima seguridad en la Modelo de Tipitapa, donde muy poco se daba cuenta de lo que pasaba afuera y no hablaba con nadie. La poca comunicación que tuvo, sobre todo antes de las 8:00 de la mañana cuando no hay mucho ruido en el penal, era con un reo hondureño condenado por narcotráfico, al que tenía que gritarle para que la voz traspasara las gruesas paredes o fluyera mejor para salir por una pequeña ventana en la puerta de la celda y llegar hasta el convicto extranjero, al que conoció en persona hasta hace un mes.

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Mairena mismo se corrige cuando explica que tiene 18 años de vivir en Punta Gorda, en el Caribe sur. “En realidad son 19 años, lo que pasa es que no cuento este último año que estuve en la cárcel”, dice. Pero casi inmediatamente aclara. “Yo nunca estuve preso, mi corazón estaba libre”.

Unas imágenes en las redes sociales daban a entender que el jueves pasado Mairena estaba siendo recibido por una muchedumbre de campesinos en Punta Gorda, pero era falso. Él se quedó en Managua porque tiene mucho trabajo que realizar, indica. En la capital ha revivido una de las pesadillas que tenía antes de ser apresado, en julio de 2018: el espionaje orteguista. El mismo día que salió libre fue perseguido por sujetos desconocidos a bordo de una camioneta, pero logró esquivarlos para llegar a la casa donde se encuentra alojado junto con Pedro Mena.

Medardo Mairena es originario de Nueva Guinea pero vive en Punta Gorda. Por ahora se quedara residiendo temporalmente en Managua. LA PRENSA/ ÓSCAR NAVARRETE

La peor tortura

Una patada en el estómago le sacó el aire e hizo que Medardo Mairena cayera casi en cámara lenta. Al tocar el suelo, recibió más patadas en la cabeza, con el tacón de las botas.

Así recibieron en el Chipote a Mairena, en julio de 2018, unos oficiales que para él más bien son fanáticos orteguistas y no las autoridades que deben velar por los ciudadanos.

A Mairena lo golpearon después de que se negó a aceptar un buen cargo público, una camioneta, una casa en Managua y protección para sus familiares, a cambio de decir en público que los obispos de la Conferencia Episcopal fueron quienes tramaron el supuesto golpe de Estado que tanto denuncia el gobierno, a partir de que en abril de 2018 nacieron las protestas cívicas contra el régimen, quien las ha reprimido con fuego, causando la muerte de entre 300 y 500, según los organismos pro derechos humanos.

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Mairena, un campesino nacido en 1978 en una colonia de Nueva Guinea, en el Caribe sur, según sus propias palabras, ha sido pobre toda su vida y con esos ofrecimientos no lo iban a convencer.

Su papá, Cruz Mairena, nunca lo mandó a la escuela, no porque no quisiera, sino porque vivían en la montaña y la más cercana quedaba lejos. En cambio, le enseñó a manejar el machete, sembrar maíz, frijoles, malanga, arrear ganado y ordeñar vacas.

Su mamá, Ángela Sequeira, recuerda que en una ocasión Mairena estaba amarrando un buey y de repente el animal enfureció y levantó muy alto al muchacho, que quedó como muerto en el suelo.

“Mi hijo es un hombre humilde y generoso. Cuando lo llegaba a ver a la cárcel me animaba porque yo lloraba todos los días”, dice la señora.

La madre de Medardo Mairena, Ángela Sequeira Báez, tiene 62 años de edad y es originaria de Camoapa. Tuvo 17 hijos pero solo 11 están vivos. Medardo es el cuarto de los vástagos. LA PRENSA/ ÓSCAR NAVARRETE

Hasta antes de caer preso, Mairena vivía en Punta Gorda en una comunidad que se llama Polo de Desarrollo Daniel Guido Sánchez, con su esposa Yaritza Báez, de 40 años de edad, y tres hijos que tienen juntos. La menor, una niña de 3 años de edad, se llama Kathia.

Allí, en una casita de tambo, típica del Caribe de Nicaragua, Mairena vivía tranquilamente criando las 40 cabezas de ganado que tiene en su propiedad de 150 manzanas de tierra, donde también cultiva.

Y así, en esas condiciones, tomando leche de vaca recién ordeñada, comiendo frijoles con cuajada o crema y tortilla recién palmeada y, en los almuerzos, sopa de gallina india, levantándose a las 4:30 de la mañana para tomar café y después ir a las labores del campo, es que le gusta vivir a Mairena. Por eso, cuando los policías orteguitas le ofrecieron casa en Managua, camioneta y cargo público, no lo tentaron. “Yo prefiero ser pobre, que así estoy acostumbrado”, les dijo. “Mi conciencia no tiene precio”, dice ahora que está libre.

No fue fácil aguantar los golpes que le daban en la cabeza y que lo dejaban aturdido, pero lo verdaderamente terrible llegó después.
Como los policías vieron que no lo podían doblegar, le dijeron: “Estamos hablando en serio. La fiscal es sandinista, el juez sandinista. Tu futuro está en nuestras manos. Y si no querés aceptar, entonces te vamos a traer un video. ¿Sabes que va a salir en ese video? Va a salir como le van ir cortando los dedos de las manos a tu niña de 3 años. Le van ir cortando gonce por gonce, mano por mano”.

En un primer momento, Mairena pensó que todo era un juego psicológico para hacerlo caer. Pero después, cuando ya estaba solo, se acordó de que los sandinistas son capaces de todo. Recordó cuando en los años ochenta a su papá lo secuestraron porque se negó a tomar un arma e ir a pelear para defender a los sandinistas. Él, un niño en ese entonces, no se daba cuenta porqué se llevaban a su papá. Recordó también como los contras llegaban a pedir comida a su casa, mientras que los sandinistas llegaban a exigirla.

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En una ocasión, llegaron unos contras a pedir comida y tras de ellos llegaron los sandinistas y empezó un tiroteo dentro de la casa. La mamá lo agarró junto a sus hermanos y se los llevó a dormir al monte. Al día siguiente, cuando regresaron a su casa, los esperaban los sandinistas. “Ajá, con que se fueron con los contras, ¿verdad?”, les reclamaron. “No señor, ¿cómo se le imagina que voy a andar con la contra andando con todos estos chavalos que están pequeños”, respondió la mamá.

Tras esos recuerdos, aquel hombre sereno, que pocas veces llora, lloró desconsoladamente mientras a la mente se le venía el rostro de su pequeña hija. “Los golpes de la tortura se me pasaron, pero eso no se me ha salido de aquí (se toca el pecho), que hayan amenazado a un angelito de Dios”, dice Mairena.

Afortunadamente, en la Semana Santa pasada, Mairena logró ver a su hija. Estaba sana y salva. La niña, en cuanto vio a su papá, salió corriendo a abrazarlo y a besarlo. Fue un momento sublime para Mairena.

Algunas de las hermanas de Medardo Mairena y su mamá lo vinieron a ver a Managua, después de que fue excarcelado. LA PRENSA/ ÓSCAR NAVARRETE

“Washington no es más bonito que Punta Gorda”

Sentado en la mesa del diálogo nacional, en mayo de 2018, Medardo Mairena tomó la palabra y le pidió a Daniel Ortega en su cara que abandonara el poder. “Somos el pueblo los que estamos en las calles y nunca hemos sido escuchados. El pueblo exige que te vayas. No queremos más muertos y ustedes son los responsables”, le dijo Mairena a Ortega.

A los 16 años de edad, por iniciativa propia Mairena comenzó a estudiar. En tres años sacó la primaria por encuentros. Para ello debía caminar varios kilómetros para ir a su centro de estudios. Llegó a primer año de secundaria y ahí se quedó porque debía viajar 30 kilómetros para asistir a clases.

A pesar de tener pocos estudios, Mairena dice que no se sintió menos que nadie estando sentado en la mesa del diálogo y le habló de frente al dictador.

Lo de ser un líder le había llegado a Mairena sin quererlo. Empezó en Punta Gorda como miembro del comité de la iglesia católica y luego como patronato escolar, en un lugar donde las escuelas están en ruinas y solo hay pupitres desvencijados.

Para febrero de 2006 ya era líder comunitario en Punta Gorda y casi pierde la vida mientras gestionaba ayuda. Viajaba en una panga a Bluefields junto a cinco personas más y una ola le dio vuelta a la embarcación como a las 6:00 de la tarde del domingo 26. Fueron rescatados hasta la mañana siguiente. En el accidente se ahogó un niño de cinco meses de edad.

Y para fortalecer su liderazgo, Mairena cursó cinco diplomados en gerencia y liderazgo.

Así lo agarró la noticia de que en Nicaragua se iba a construir un canal interoceánico y se alegró, emoción que no duró mucho porque casi inmediatamente él y otros campesinos se percataron de que sus tierras estaban en peligro.

Junto a un amigo que tiene en El Tule, Río San Juan, Mairena comenzó a estudiar la ley 840, de expropiación del canal, y luego conoció a Lener Fonseca y después a Pedro Mena y Francisca Ramírez, de La Fonseca, en Nueva Guinea. Los campesinos se unieron y conformaron un movimiento anticanal.

Para ese momento, y a petición de los habitantes de donde Mairena era líder comunitario, ya lo habían elegido como miembro del Consejo Regional del Caribe Sur por el PLC. “Ahorita, estando en la cárcel, se me venció el periodo”, explica Mairena.

El primer coordinador anticanal fue Octavio Ortega y luego le siguió Francisca Ramírez, doña Chica. Y el tercer electo fue Medardo Mairena.

Líderes del movimiento campesino, de izquierda a derecha: Freddy Navas, Medardo Mairena, Pedro Mena y Lener Fonseca. LA PRENSA/ ÓSCAR NAVARRETE

Al principio, como doña Chica era el rostro visible del movimiento campesino, los medios solo la buscaban a ella y Mairena quedaba en segundo plano. Pero luego, otros campesinos le decían que el líder era él y comenzó también a dar entrevistas, lo cual ocasionó, explica el mismo Mairena, rumores de que se quería desplazar a doña Chica, cuando en realidad solo era que el reglamento del movimiento establecía que cada año habría un nuevo coordinador. Las diferencias lograron superarse.

Ser dirigente campesino llevó a Mairena a Washington, en 2016, para denunciar al régimen de Ortega en organismos internacionales. Era la primera vez que viajaba en avión. Ya antes había salido del país para visitar familiares en Costa Rica.

En Washington se sintió seguro y eso le dio tristeza, porque no se sentía igual en su país. La modernidad de la capital estadounidense no lo impresionó. “Washington no es más bonito que Punta Gorda”, dice entre risas.

Cuando el régimen orteguista comenzó a matar a los jóvenes, a partir de abril del 2018, el movimiento campesino apoyó la causa y se levantaron tranques en diferentes partes del país.

Mairena no estuvo en esos tranques, porque como dirigente campesino estaba en Managua, en la mesa del diálogo, pero en julio del 2018 fue apresado y acusado por la muerte de cuatro policías en Morrito, Río San Juan, algo de lo cual se declara totalmente inocente, ya que estaba en Managua.

“Solo quiero ir a mi casa”

La casa de Mairena, en Punta Gorda, está sola. Por seguridad, su esposa y sus hijos tuvieron que ir a otro lugar.

Por su labor de dirigente campesino, Mairena tampoco puede ir a Punta Gorda ahora mismo. Si bien ya se le venció su periodo como coordinador del movimiento campesino, sus compañeros decidieron mantenerlo en el cargo mientras estaba en la cárcel. “No se puede cambiar al capitán en plena guerra”, le dijeron. Ya lleva dos años en el cargo y ahora toca reorganizar el movimiento. Seguramente dejará de ser el coordinador, dice, pero seguirá en la lucha, así como los otros exdirigentes del movimiento han seguido en la lucha.

Ante rumores de que Mairena bien puede ser un candidato presidencial, él no le pone mente. “No he pensado en un cargo público, no es ese mi tema. El pueblo lo que necesita ahorita es una verdadera unidad… No podemos permitir que Ortega siga masacrando al pueblo”, dice Mairena.

Sobre Ortega, Mairena piensa que es un cobarde. “Alguien que se siente con el poder que tiene, porque tiene las armas, debe masacrar a su pueblo, esa es una cobardía”, dice.

Y, a pesar de que dice que la lucha de ellos “no ha terminado”, espera pronto regresar a su casa, con su esposa Yaritza y sus tres hijos, a arrear el ganado y a comer tortilla con cuajada o crema.

La familia Mairena

Angela Sequeira Báez está feliz de ver a su hijo Medardo Mairena nuevamente. Esta mujer, de 62 años de edad, dio a luz a Mairena el 30 de noviembre de 1978 y fue su cuarto hijo, de 17 que tuvo en total. Solo viven once.

A la mayoría de sus hijos los tuvo ella sola, sin ir a hospital o ser asistida por una partera. En el parto de Medardo Mairena le ayudó su suegra.

Angela Sequeira y Cruz Mairena, su esposo, se conocieron en La Gateada, Chontales, de donde él es originario. Sequeira es de Camoapa. Pero luego se fueron a vivir a Nueva Guinea, donde nació Medardo.

Y hace 19 años toda la familia se trasladó a Punta Gorda. Sin embargo, los viejitos viven ahora nuevamente en Nueva Guinea, en casas separadas, pero cercanas.

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