El caso del paramilitar y su hijo “azul y blanco” asesinado en Estelí

El joven Cruz Alberto Obregón fue asesinado de varios balazos en Estelí durante una protesta atacada por paramilitares. Entre los que participaron estaba su propio padre

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A Reynaldo Obregón, un esteliano que trabaja como guarda de seguridad en Enacal de Estelí, le han visto un cambio radical de ánimo en el último año. Está deprimido, dicen. Camina cabizbajo por las calles. Y llora.

El obispo de esa ciudad, monseñor Abelardo Mata, dijo el pasado domingo 23 de junio, en misa, mientras hablaba de los jóvenes asesinados por la dictadura orteguista desde que iniciaron las protestas sociales en abril de 2018: “Aquí en esta ciudad (Estelí), desde un punto cercano, en este parque, un francotirador dispara contra un joven para descubrir después con horror que era su hijo”.

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El mismo monseñor Mata confirmó a la Revista Domingo que Obregón es el francotirador esteliano que habría, al menos, participado en un ataque a jóvenes por parte de paramilitares. Y el muerto sería su hijo, Cruz Alberto Obregón López, de 23 años de edad, muerto a balazos cerca de la plaza de Estelí el pasado 30 de mayo de 2018, luego de una marcha en apoyo a las madres de los jóvenes asesinados por el régimen orteguista tras el 18 de abril de ese año.

El obispo Abelardo Mata develó el estado psíquico del paramilitar que supuestamente mató a su hijo.
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La Revista Domingo trató de hablar con Obregón por teléfono y también vía WhatsApp, pero no contestó las llamadas y bloqueó los mensajes de la revista en la red social privada.

El paramilitar

Obregón pertenece a una familia que está muy metida en el Frente Sandinista (FSLN). Algunos de sus parientes ocupan cargos importantes en instituciones del Estado, especialmente en la Dirección General de Ingresos (DGI) o la Renta, como le llaman.

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Quienes lo conocen señalan que Obregón, de 57 años de edad, junto a su hermano Octavio fueron miembros de los batallones de reserva y estuvieron movilizados en zonas de guerra del norte del país y llegaron a ocupar cargos como jefe de batallón e instructor político.

Reynaldo Obregón con sus hijos. Los dos de la derecha son Cruz Alberto y Amy, hijos de su primer matrimonio con Sara López. Los de la izquierda son de un segundo matrimonio.
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En los años ochenta, Obregón también habría participado en la jornada de alfabetización y en los cortes de café y de algodón. Ambos fueron militantes de la quinta promoción del FSLN en la que se les entregó una medalla con la efigie de Sandino y las banderas azul y blanco y rojinegra.

En los años noventa, Reynaldo Obregón habría estado involucrado en algunas fechorías, como el secuestro de un productor, por lo que se integró a las filas de los hombres de Pedrito “el Hondureño”, para lograr ser beneficiado con la amnistía que se le dio a ese grupo en 1993.

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Originario de la comunidad El Regadío, una comunidad esteliana que hoy en día es considerada un “nido” de paramilitares, Obregón se casó ahí hace 27 años con Sara Amelia López Pérez, 15 años menor que él, y tuvieron dos hijos, Amy y Cruz Alberto.

Algunos familiares de López, que piden el anonimato, explican que, aunque en ocasiones realizaba “rumbos” de carpintería, lamentablemente Obregón no era muy dado al trabajo y solo se dedicaba a las reuniones partidarias del FSLN. Las limitaciones económicas en el hogar eran evidentes y a eso se le sumó que Obregón se tornó violento con su esposa y le daba maltrato físico y psicológico. “Le pegaba”, dicen.

Además de estudiar dos carreras de ingeniería y cursos técnicos de electricidad, Cruz Alberto Obregón trabajaba en albañilería. En la imagen aparece una de sus construcciones y su moto.
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López tuvo que separarse de Obregón y se fue a vivir a casa de su madre en Estelí, pero él la chantajeaba con los hijos y logró llevárselos de nuevo a El Regadío, pero solo duró dos años con ellos, quienes posteriormente regresaron al lado de la madre.

Tras las protestas de abril de 2018, a Obregón se le ha identificado como uno de los paramilitares que el orteguismo trasladó desde El Regadío hacia Estelí para reprimir una marcha de autoconvocados el 30 de mayo de ese mismo año. Fue el día que entre las 8:00 y las 9:00 de la noche su hijo Cruz Alberto Obregón cayó muerto.

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A Obregón lo ubican, según el testimonio de otros paramilitares, con un arma de fuego larga en el costado oeste de la plaza Domingo Gadea, por donde está la biblioteca municipal. Desde ahí habría disparado hacia el lado donde no sabía que estaba su hijo Cruz Alberto Obregón, acompañando a otros jóvenes que protestaban y estaban siendo atacados a matar por los paramilitares orteguistas.

Después del disparo, Obregón habría identificado a su hijo por la ropa, porque ese mismo día por la mañana lo había visto en El Regadío.

El hijo

Al igual que su padre, Cruz Alberto Obregón López era un activo simpatizante del FSLN y participaba en los procesos electorales representando a ese partido en los centros de votación. Siempre lo enviaban a una comunidad que se llama Rodeo Grande.

Aunque no siempre creció al lado de su padre, Obregón López tuvo un gran cariño por él y no lo criticaba cuando en ocasiones su progenitor le incumplía en tiempo con una mesada que le daba para poder estudiar Ingeniería Civil.

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Objetos personales de Cruz Alberto Obregón, entre ellos su teléfono celular, el mismo que portaba cuando lo mataron y al cual lo llamó su papá menos de 10 minutos después del crimen.
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En una ocasión, su mamá Sara López le dijo a Obregón López que iba a consultar en Mifamilia si él tenía derecho a recibir una pensión de su padre, pero el joven le dijo que no lo hiciera. Sin embargo, tiempo después, el muchacho, cansado de la falta de cumplimiento del padre, aceptó que su mamá fuera a Mifamilia.

En un primer instante, funcionarios de Mifamilia en Estelí le dijeron a Sara López que su hijo tenía derecho, especialmente porque aún no había terminado una primera carrera y porque no tenía una mujer a su cargo en su casa. Pero, cuando ella regresó le dijeron que ya no. Ante la insistencia de la mujer, terminó por darse cuenta de que Reynaldo Obregón había movido influencias del partido rojinegro para que su caso no prosperara en Mifamilia o pasara a los juzgados para ganar más tiempo. Los funcionarios de Mifamilia en Estelí estaban amenazados con despido si le daban trámite a la solicitud.

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Aún así, Obregón López decía que no le tenía resentimiento a su padre y que en el futuro, si estaba en sus manos, le iba a ayudar.

El joven era callado y casi siempre sus actividades pasaban inadvertidas. Por ejemplo, muy pocos se daban cuenta cuando tenía novia. Y en una ocasión sus propios amigos cercanos se maravillaron cuando se dieron cuenta que Obregón López estudiaba dos carreras al mismo tiempo: Ingeniería Civil durante la semana y los sábados otra Ingeniería en energía renovable. “Oe, ese Cruz es un crack”, dijeron sus amigos.

El pantalón que portaba Cruz Alberto Obregón el día que lo mataron. Notése la mancha de sangre que quedó impregnada.
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Además, sus parientes indican que era muy inteligente. Un primo recuerda que en una ocasión Obregón López le dijo que un profesor iba a hacer una prueba y prometió que a quien terminara primero lo iba a premiar con una beca para estudiar un curso de Excel. “Vas a ver que me lo voy a ganar, para vos, te lo voy a regalar”. Y así fue, Cruz Alberto ganó y le regaló la beca a su primo.

El cambio

Cuando comenzaron las protestas de abril de 2018, Cruz Alberto Obregón no se metía en el asunto. Estaba concentrado en su tesis para graduarse como Ingeniero Civil. Ni siquiera estaba yendo a la universidad, la UNI de Estelí.

Para ese momento, Obregón López también elaboraba una maqueta para una residencia en Granada, propiedad de una persona que estaba en Estados Unidos. Un día antes que lo mataran, a Obregón López esa persona le mandó 250 dólares como parte del pago. El joven ya no pudo retirar ese dinero.

Objetos personales de Cruz Alberto Obregón, entre ellos su teléfono celular, el mismo que portaba cuando lo mataron y al cual lo llamó su papá menos de 10 minutos después del crimen.
LA PRENSA/ ÓSCAR NAVARRETE

El 20 de abril de 2018, Obregón López estaba viendo las noticias por televisión cuando vio que habían matado a un joven esteliano, cerca del parque, de nombre Orlando Francisco Pérez Corrales.

No lo podía creer. Era su mejor amigo. El mismo con quien iba a ver juegos de futbol de la selección nacional y también con quien salía a divertirse.

Desde ese momento, Obregón López sufrió un cambio radical y comenzó a poner en su perfil de Facebook críticas contra el gobierno de Daniel Ortega, algo impensable en él hasta ese momento.
Inmediatamente, miembros de su familia paterna comenzaron a responderle en tono de reclamo, diciéndole que se acordara de todos los estudios que le había dado el gobierno de Daniel Ortega, ya que Obregón López tenía ocho diplomas sobre cursos de electricidad que había llevado en el Instituto Nacional Tecnológico (Inatec). “¿Está bien eso tío (de que maten a los jóvenes)?”, comentó Obregón López.

Que sus familiares sepan, solo tuvieron constancia de que el joven asistió a una marcha, la que se realizó mientras se producía el Diálogo Nacional y que se llamó “de las luces” porque todos llevaban una candela encendida. Esa marcha terminó sin mayores consecuencias.

LAPRENSA/O. Navarrete

Un pariente de Obregón López dice que a él le sorprendió una vez que iban en moto y pasaron por un tranque. Obregón López se levantó el casco y los del tranque lo saludaron ¡Patria libre! y lo dejaron pasar inmediatamente, lo cual le hace pensar que es probable que el joven también anduvo en tranques o que al menos tenía afinidad con ellos.

La muerte

El día que lo mataron, el 30 de mayo de 2018, Día de las Madres, Obregón López amaneció con un primo en El Regadío. Allí habría visto a su papá, quien de vez en cuando lo ayudaba con 100 córdobas o cantidades similares.

Regresó a Estelí y pasó haciendo unas diligencias en su moto. Por la tarde habló con su mamá que estaba en Costa Rica. Ese día había llegado una prima a la casa y habían cocinado pollo y carne asada, y también compraron pizza para celebrar la ocasión.

Cerca de las 6:00 de la tarde salió nuevamente a dejar a un familiar a su casa y regresó para guardar la moto. Desde ese momento, los familiares lo hacían encerrado en su cuarto, pero no era así.

Ese mismo día, de El Regadío habían salido camionetas llenas de paramilitares hacia Estelí.

A los familiares de Obregón López, sus amigos les contaron que él decía que no había que dejar solos a los demás jóvenes, que era injusto lo que hacía el gobierno. Salió hacia el sector del parque para apoyar a los jóvenes que terminaban de realizar una marcha, pero no avanzó más de 70 metros cuando fue alcanzado por balas que lo impactaron en el cuello, el pecho y, cuando quiso voltearse, también en la espalda.

Menos de 10 minutos después —cuentan parientes del joven— al celular de él, que ya estaba muerto en la clínica Adventista, entró una llamada de su papá, quien, cuando le dijeron que su hijo estaba muerto, supuestamente dijo: “Él se lo buscó. Lo lograron”.

“Hable, papá”

Una de las más afectadas con la muerte de Cruz Alberto Obregón López ha sido su hermana Amy Obregón, quien desde antes de la muerte del muchacho se encuentra en el extranjero.

Ella tiene un hijo de cuatro años de edad que era la adoración de su tío y todos los días liberaba tiempo para jugar con el sobrino. “A él (sobrino) no le va a faltar nada”, decía su tío.

En la madrugada del 31 de mayo de 2018, hora de España, pero cerca de las 8:30 de la noche en Nicaragua, cuando muy pocos sabían de la muerte de Obregón López, ella recibió una llamada del papá, en la que le informaba que habían matado a su hermano. A ella le impactó.

“Por culpa de todo eso (protestas) mataron a tu hermano”, le dijo su padre Reynaldo Obregón.

Ella tiró el teléfono y se postró a orar, pidiendo a Dios que no fuera cierto.

Luego, Amy llamó a su mamá que estaba en Costa Rica pero ninguna de las dos estaba segura de nada.

Después, según rumores de los mismos paramilitares, surgió la información de que quien mató a Obregón López, o al menos habría participado en su muerte, fue su propio padre.

“Yo le he preguntado a él lo que se dice, pero él me responde que temprano estuvo en la Alcaldía y luego se fue porque tenía que trabajar porque tenía turno”, dice Amy.

Con el transcurrir del tiempo, ella habla con su padre pero no tocan el tema. En ocasiones le ha insistido: “Yo le he dicho que si estuvo ahí, solo él lo sabe. Si se siente mal que hable, que diga la verdad y que yo espero que no sea verdad porque es mi padre y a mí me duele. Le digo que dé una entrevista, pero él me asegura que no es verdad. Y yo le digo que hable lo que tiene que hablar. Yo espero de corazón que no sea verdad, porque una cosa es que él estuvo ahí y otra muy diferente que digan exactamente que él lo mató”, dice Amy entre sollozos.

Por el momento, Reynaldo Obregón prefiere guardar silencio.