Otra revolución, otra dictadura

Todas las revoluciones, a lo largo de la historia y en cualquier parte del mundo, han producido dictaduras. Cualquiera que se interesa por la lectura histórica puede comprobar que así ocurrió con la revolución inglesa

Una mala consejera, Nicaragua

Parece mentira, pero después del retroceso histórico de Nicaragua, del desastre económico y las calamidades sociales y humanas causadas por las revoluciones, todavía hay quienes se oponen a una salida negociada de la dictadura y predican que es necesario hacer otra revolución.

Precisamente en estos días los sandinistas están conmemorando el cuarenta aniversario de su revolución, la que causó una larga “noche oscura” como la llamó el papa Juan Pablo II en su segunda venida a Nicaragua y cuyas terribles consecuencias se sufren hasta ahora con la dictadura sandinista de Daniel Ortega.

Todas las revoluciones, a lo largo de la historia y en cualquier parte del mundo, han producido dictaduras. Cualquiera que se interesa por la lectura histórica puede comprobar que así ocurrió con la revolución inglesa, a mediados del siglo 17; la revolución francesa, a finales del siglo 18; la revolución rusa de 1917; la revolución china de 1949; y tantas otras, pasando por la revolución cubana, la revolución sandinista en Nicaragua y la revolución bolivariana en Venezuela.

Son muy raras las revoluciones que en vez de dictaduras produjeron democracia, como la revolución que formó a los Estados Unidos a fines del siglo 18 y la de Costa Rica en 1948.

El filósofo político chileno Fernando Mires, cita en un miniensayo titulado Los héroes a la socióloga argentina Claudia Hilb, quien reflexiona que la revolución es concebida como un acto histórico supuestamente destinado a crear la igualdad social y humana, lo que obliga a los revolucionarios —más allá de la buena voluntad que pudieron haber tenido—, “a autoelegirse como forjadores del futuro, convirtiendo, por eso mismo, a los ciudadanos en modelable arcilla humana”.

Mires evoca también a Hanna Arendt (1906-1975), autora de la célebre obra Los orígenes del totalitarismo, quien señaló que a las dictaduras “hay que buscarlas en la misma idea de la revolución, vale decir, en proyectos orientados a cambiar la realidad desde el poder de un modo total y radical a la vez”.

En realidad, donde quiera que se busque, la dictadura nace de la revolución y la democracia surge del reformismo. La revolución, insiste Mires, es “una empresa que convierte a los sujetos en objeto, una realidad que en nombre de la libertad, la justicia y la igualdad niega los derechos humanos más elementales…” ¿Acaso no es eso lo que ha ocurrido en Nicaragua?

El estallido social de abril de 2018 y los acontecimientos ocurridos desde entonces en el país, muestran que los ciudadanos y sobre todo los jóvenes han entendido la amarga historia de las revoluciones en Nicaragua y no quieren que se repita una vez más. Proclaman que su lucha es por un cambio democrático que se logre mediante elecciones libres y limpias. Entienden que otro cambio revolucionario produciría otra dictadura. Y creen que ya basta de revoluciones y de dictaduras en Nicaragua.

Ojalá que tan hermoso ideal esta vez no sea frustrado y traicionado.