Obispo Rolando Álvarez: «No tengamos miedo de apostar para poder convivir como hermanos»

El obispo de Matagalpa también llamó a que “no tengamos miedo de creer en el otro, aunque haya quienes insistan en que se piense mal de ellos”

Monseñor Rolando José Álvarez Lagos, obispo de la Diócesis de Matagalpa. LA PRENSA/LUIS EDUARDO MARTÍNEZ M.

El obispo de la Diócesis de Matagalpa, monseñor Rolando José Álvarez Lagos, invitó a los nicaragüenses a perder el miedo y a confiar en que el futuro “siempre tiene que ser mejor que el presente”, señalando que, el día en que puedan “convivir como hermanos”, en Nicaragua habrá un nuevo amanecer.

Un nuevo día, según el jerarca católico, surge cuando la persona es capaz de salir “de sus propios egoísmos” y “descubrir entonces, también en la noche, a un extraño, a uno que no piensa como yo, a uno que no actúa como yo, a uno que probablemente podría hasta no ser de mi grupo, de mi clan, de mi partido, de los que simpatizan conmigo, pero a quien soy capaz de verlo y tratarlo como a un hermano”.

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Por eso, en la homilía que dirigió este domingo en la catedral San Pedro Apóstol, de Matagalpa, monseñor Álvarez exhortó a los feligreses a que “no tengamos miedo de pensar bien de la gente… y seguramente al pensar bien de los otros, cualquiera que sea, acertaremos, aunque a veces nos equivoquemos”.

Calificando el amor como “la fuerza invencible” ante la que nadie puede sostenerse, el obispo de Matagalpa también llamó a que “no tengamos miedo de creer en el otro, aunque haya quienes insistan en que se piense mal de ellos”.

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Asimismo, invitó a los fieles a “seguir creyendo en el futuro que siempre tiene que ser mejor que el presente, porque del pasado y del presente, si tenemos un sincero corazón, todos aprendemos”. “No tengamos miedo de apostar para poder convivir un día como hermanos, porque el día en que el sacerdote, el levita, el que ha sido asaltado, herido, quebrantado, y el samaritano, nos unamos y nos juntemos en medio de nuestras diferencias, ese día en Nicaragua nacerá un nuevo amanecer y una realidad divina”, finalizó el obispo.