El pensamiento que casi lleva a la muerte a Seylit Parrales Selva: «Ni mía ni de otro»

Ella lo conoció por Facebook. Convivió con él. Tuvieron una hija. Lo dejó porque se volvió “odioso”. 17 meses después él le causó “múltiples heridas” con una navaja cacha negra. Pero ella está viva a pesar de que ni los taxistas la querían llevar al hospital porque la dieron por muerta

Seylit Yecalin Parrales Selva, de 26 años de edad, está viva. Es casi un milagro. Está viva a pesar de que es más fácil enumerar las partes del cuerpo que su expareja no le hirió con una navaja cacha negra que, según testigos del femicidio en grado de frustración, medía lo mismo el mango que la cuchilla: una cuarta más o menos.

Al principio quienes la vieron herida pensaron que Parrales solo tenía rasguños. Pero después, cuando se desmayó con el cuello herido y ensangrentado, ni los taxistas querían trasladarla a un hospital. “No, esa muchacha ya está muerta. No hay nada que hacer”, dijo uno de los taxistas que una hermana de la lesionada, Ruth Parrales, detuvo con desesperación para salvar la vida de la joven en una calle del barrio El Recreo, el pasado lunes 19 de agosto, poco después de las 8:00 de la mañana.

“Gerald” le decía ella al hombre de Ciudad Sandino que conoció a través de Facebook. Jaló dos meses y después se fue a vivir con él solamente los nueve meses que duró el embarazo de una niña que ahora tiene un año y medio de edad.

La niña, que vino al mundo el 19 de marzo de 2018, tenía 10 días de nacida cuando ella, por “odioso”, decidió dejar al hombre, quien en realidad se llama Yerol Josué Álvarez Rojas, de 28. Pero, 17 meses después, él llegó a la casa de ella, derribó a puntapiés la puerta del cuarto donde ella se refugió, mediaron unas pocas palabras y dejó que ella se alejara dos pasos para luego realizarle el primer corte en el cuello.

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Seylit Yecalin Parrales Selva (26) se recupera de las heridas de muerte ocasionadas por su ex conyuge Yerol Josue Alvarez Rojas Oscar Navarrete/ LA PRENSA.

De la cintura para arriba no hubo parte del cuerpo de Parrales donde Álvarez no pasara la navaja. “Múltiples heridas por arma blanca en cuello, tórax, abdomen (penetrante) y extremidades superiores”, dice la epicrisis del Hospital Fernando Vélez Paiz, adonde ella fue llevada inconsciente. Los navajazos los recibió hasta en la parte trasera del cuello. “La quería degollar”, dijo su hermana Ruth.

Parrales ya está en su casa, sin poder hablar mucho pero viva. Álvarez está preso y será enjuiciado a partir del próximo 15 de octubre. Por orden del juez un psiquiatra lo valorará para determinar si tiene problemas mentales, como su defensa alegó en las dos primeras audiencias del caso.

Cambió con el embarazo

A Parrales lo que le llamó la atención de Álvarez es que era un hombre con “iniciativa y deseos de superación”. “Quería superarse y me dijo que íbamos a comprar una casa y que íbamos a hacer un hogar”, recuerda Parrales haciendo un esfuerzo por hablar, en una cama de su casa en el barrio El Recreo, en una zona a la que también llaman Pantanal.

“Lo conocí en el 2017. Al principio me ponía atención. Era atento en todo, pero después, con lo de la panza, se volvió odioso. A cada rato buscaba cómo pelear conmigo. Decía que yo no era la mujer ideal para él. Hasta me golpeaba porque yo no hacía lo que él me decía”, agrega Parrales.

En total fueron 11 meses de relación después que la pareja se conoció a través de Facebook. Dos como novios y nueve conviviendo juntos. Los nueve meses del embarazo, aunque casi al final del mismo Álvarez se fue a trabajar a Río San Juan.

“Cuando la niña tenía como 10 días de nacida yo me vine de Ciudad Sandino (a El Recreo). Yo le dije, yo te la voy a estar prestando a la niña, vayamos al Ministerio de la Familia, vamos a ponernos de acuerdo cuánto tiempo la voy a tener yo, cuánto tiempo la vas a tener vos”, explica Parrales.

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Seylit Parrales, a los 15 años de edad. LA PRENSA/ REPRODUCCIÓN/ ÓSCAR NAVARRETE

De acuerdo con Parrales, su expareja comenzó a cambiar con el embarazo y especialmente cuando ya nació la niña. “Me decía que la niña solo estaba pegada conmigo y que a él no le ponía mente”, dice ella, quien aclara que era porque le daba el pecho a la niña.

Los celos

El calvario de Parrales no cambió con dejar Ciudad Sandino. Álvarez comenzó a llegar a El Recreo pero ella decía que era por la niña. Así transcurrieron 17 meses.

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“Estoy bien porque estoy viva”, dice Seylit Parrales, a pesar de que acaba de salir del hospital “con múltiples heridas en la parte de arriba del cuerpo, que le ocasionó su expareja Yerol Álvarez. FOTO:
LA PRENSA/ ÓSCAR NAVARRETE

De repente, Álvarez comenzó a decirle que le habían dicho que ella andaba “con uno y con otro hombre”. “Yo lo que estaba haciendo era buscar mis papeles para buscar trabajo”, comenta ella.

Parrales comenzó a insistirle a Álvarez que él llegaba por su hija y que no debía estar pendiente ella. “Se ponía odioso y a la misma vez se ponía a llorar porque decía ¿cómo se acabó el amor de nosotros, si tantas veces planeamos alquilar una casa o conseguir una? Mirá, le digo yo, esto no funciona, mucho discutimos. A quien le hacemos daño es a la niña”, relata la mujer.

La niña veía cómo los padres discutían cada vez que él llegaba a la casa y Parrales le dijo a Álvarez que ya no la siguiera buscando. “Entonces él me dijo: Demandame con quien vos querrás, que yo no te voy a pasar ni un peso. Yo le dije: Está bien.

Dejámelo todo a mí. Yo no te voy a pedir. Yo voy a trabajar y a sacar adelante a mis dos hijos (la niña y un varón de una primera relación)”, cuenta Seylit Parrales.

Según ella, Álvarez “se llenó la cabeza de ideas porque le decían que yo andaba en pasatiempos, de andar con otros hombres”.

200 pesos

Un día antes de que la hiriera, Álvarez llamó a Parrales y le dijo que se vieran cerca de la casa de ella porque le iba a entregar 200 pesos. Pero ella se llenó de miedo porque por teléfono él ya la había amenazado de muerte y la conversación fue grabada por una hermana de Parrales.

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Una vecina de Seylit Parrales y unos muchachos ayudaron a capturar a Yerol Álvarez. La población golpeó al sujeto.
LA PRENSA/ ARCHIVO

“Yo le dije a mi mamá, Gerald dice que me va a pasar dejando 200 pesos, pero tengo miedo mamá”, cuenta ella. Su miedo era también porque la Policía no le había notificado nada y se sentía desamparada.

Álvarez la llamó varias veces. “Yo le dije mejor guardalos. Hacé una alcancía y cada 200 pesos que vos me querés pasar guardalos y en un futuro se los das a tu hija.

Y él le dijo: “Me dijeron que estás con un viejo que te está dando riales”.

—¿Un viejo? El único es mi papá que se mantiene aquí. Tal vez es él que me da reales para mantener a tu hija.

—Otros hombres no se te van a acercar porque tenés dos hijos.

“Él me decía de todo, que yo era cochina, sucia. Solo bascosidades me decía”, agrega Parrales.

Los múltiples navajazos

Como Parrales no quiso reunirse con él, al día siguiente, lunes 19 de agosto, cerca de las 8:00 de la mañana, una hermana de Parrales le dice: “Ahí viene Gerald”.

La mujer se asustó. “Me puse nerviosa. Este me va a querer pegar”, relata.

El hombre entró por una puerta secundaria, que da acceso a la casa de una tía de Parrales. Como vio donde se ocultó Parrales, el hombre derribó la puerta a puntapiés.

“Yo me enllavé en un cuarto que yo construí. La puerta tenía un pasador pequeño. No me puse a pensar que necesitaba algo más esa puerta. Forcejeó y dañó la puerta”, rememora Parrales.

—Quiero hablar con vos —dijo él.

—No tenemos nada que hablar, ya habíamos quedado que no me volverías a buscar. ¿Qué querés? Te dije, buscate una mujer, una novia con quien salir. Ganás bien, buscá qué hacer.

—Sí, tenés razón.

El hombre, después de darle la razón a Parrales, la dejó que diera dos pasos, luego de los cuales ella volteó el rostro hacia él, oyó cuando él le dijo que no sería de él ni de nadie y vio cuando le propinó el primer navajazo, en el cuello.

“Yo no me fijé si andaba algo él. Ni lo revisé. Cuando me dio el primero en el cuello yo pensé que solo me había rayado. Ya me rayó este, dije. Y estaba goteando sangre. Soltame, le dije”, narra Parrales.

“Debe ser que la está coscorroneando”

Mientras eso ocurría, la mamá de Parrales, Urania Selva, quien no mira a causa de la diabetes, y sus otras hijas, Ruth y Dania, fueron quienes le dijeron a Parrales que se enllavara en el cuarto. Después, oyeron cómo el hombre pateaba la puerta y entraba al cuarto, pero no se acercaron. Luego escucharon que Parrales decía: “Ay, ay. Así no, así no”.

“Mi hermana dice, ahí dejala, debe ser que la está coscorroneando. Porque siempre le pegaba y quedaban de amores. Después mi hermana dice: voy ir a ver. Y la mira cortada. La Seylit tiene sangre, comienza a gritar. Ella (Dania) sale y yo entro. Agarro un palo y le comienzo a dar (a Álvarez). Con una mano le daba garrotazos y con la otra le daba de puños en la quijada. Él no me hacía nada, pero yo le daba y le daba y como que no le entraban los garrotes, como que era de hule. Él se enoja cuando yo le agarro la navaja. Casi se me lleva el dedo”, relata Ruth Parrales, hermana de la víctima.

Ruth agarró de una sudadera a Álvarez y él, para zafarse de ella, se la quitó. Luego le pegó codazos a Ruth y la sentó en el suelo. Luego también le pegó con el tacón de uno de los zapatos para seguidamente amenazar con matar a más familiares de Parrales.
“Después voy con tu mamá y esa chavala (hija de ambos), que por ella nos dejamos”, le dijo Álvarez a Ruth.

Con las manos cortadas, llenas de sangre, Ruth Parrales corrió hacia la niña, la sacó de la casa y se la dejó a una vecina.

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Cuando vio que su expareja le iba a propinar un navajazo, Seylit Parrales le metió las manos infructuosamente. LA PRENSA/ ÓSCAR NAVARRETE

Sacó fuerzas

Mientras su hermana Ruth salvaba a la niña de las manos de su propio padre, Parrales recibió más navajazos.

“Yo miro que él se fue, de reojo, veo que va saliendo por donde entró. Fue ahí que Diosito me dio mucha fuerza, porque ensangrentada me salí, me sostuve en la camioneta de mi papá y la gente creía que era un aruño el que tenía. Nadie se percató que iba herida y sangrando”, relata Seylit, quien se detuvo en un manjol que está afuera de su casa.

A partir de ese momento solo recuerda dos cosas: cuando ya iba en un taxi y le pedía comida a su hermana porque tenía hambre. Y luego cuando se despertó en la camilla del hospital.

Ruth cuenta que unos vecinos le ayudaron a auxiliar a su hermana. Como vio que la camisa de su hermana estaba empapada de sangre, se quitó ella su blusa y se la puso, quedándose Ruth en brassier hasta que otra vecina le proporcionó otra blusa.

Los taxistas no la querían llevar porque pensaban que Seylit estaba muerta. Pero ella está viva. Tiene el cuerpo lleno de cicatrices. Pero está hablando, poco, por recomendaciones médicas, pero se ve bien. Los médicos dicen que ya está “estable”. Es un milagro.

Capturado por los vecinos

En el caso de Seylit Parrales, sus vecinos ayudaron mucho. Después de que Yerol Álvarez hirió gravemente a Parrales, salió como si nada con la navaja en la mano.

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Cuando Yerol fue golpeado por los vecinos que auxiliaban a Seylit. FOTO: Capturas de Video/ LA PRENSA.

Una vecina lo siguió hasta que salió a la carretera, cerca del colegio Benjamín Zeledón, en el barrio El Recreo. Allí tomó una caponera y lo siguió hasta que con ayuda de unos “muchachos” lo capturaron cerca del barrio Chino, por donde está una piscina de un negocio que se llama El Tropical.

Ahí lo amarraron, lo golpearon y se lo trajeron de regreso adonde había herido a Parrales.

Riendo, según cuentan testigos, Álvarez decía: “Ya la maté, ya no será mía ni de nadie”.

La Policía solo llegó a recogerlo. Ya le habían hecho el trabajo.

Llora y alega demencia

En las dos primeras audiencias del caso, Yerol Álvarez dijo que se sentía mal, que tiene problemas mentales, por lo cual un juez accedió a que sea valorado por un psiquiatra.

“Ayer (miércoles pasado) tuve una recaída y los compañeros de celda me auxiliaron”, dijo Álvarez en la audiencia inicial, cuando el juez Edén Aguilar le preguntó si lo habían llevado ante un forense.

Álvarez fue enviado a juicio para el 15 de octubre de 2019, acusado del delito de femicidio en grado de frustración, en perjuicio de su expareja y estará bajo prisión preventiva.

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