¿Cómo se vive huyendo por más de ocho meses? Un relato de exilio y represión

Pablo Guerrero y Xóchilt Martínez salieron de Nicaragua en julio de 2018. Ahora se encuentran en Estados Unidos, donde piden asilo político

Pablo Guerrero y Xochilt Vargas en el parque de Guatemala. LAPRENSA/CORTESÍA

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Julio de 2018 se convirtió en el inicio de una larga travesía para los abogados leoneses Pablo Guerrero y Xóchilt Martínez Vargas. Salieron de Nicaragua huyendo de la represión orteguista. Su delito fue llevar comida y medicinas a ciudadanos autoconvocados que protestaban en contra del régimen de Daniel Ortega. Pasaron 260 días, primero en Nicaragua y luego en otros tres países donde cuentan que se sentían perseguidos.

Antes de huir del país, Guerrero y Vargas, ambos de 39 años, habían sido secuestrados cerca de su domicilio, en el residencial La Pintora, en León, por parapolicías orteguistas. Eso ocurrió el 6 de julio.

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“Llegaron como siete patrullas con no menos de 10 personas cada una entre encapuchados, paramilitares y policías”, recuerda Guerrero. Cinco días después fueron liberados, pero estos ya no regresaron a su vivienda, en León. Se escondieron en una casa de seguridad en Chinandega.

Mientras se escondían, una publicación en Facebook los alertó de que parapolicías orteguistas ya sabían su ubicación e irían a buscarlos para detenerlos nuevamente. Guerrero y Vargas entendieron que sus vidas corrían peligro y emprendieron un viaje hacia Honduras, el 15 de julio a las 10:00 de la mañana.

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“Salimos solamente con 300 dólares, dos camisas y dos pantalones cada uno, eso fue todo lo que llevamos”, relata Guerrero.

59 días en Honduras

Los primeros 17 días, Guevara y Vargas se hospedaron en un hotel ubicado en la ciudad de Choluteca. Solo comían «enlatados y cosas de preparación rápida”, cuenta Guerrero, quien explica que el único apoyo fue el de sus familiares, quienes les enviaban ropa y dinero, a través de un amigo transportista de carga pesada que viajaba por esa región. “Prácticamente en cada viaje nos traía ropa”, dice.

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Posteriormente, el 2 de agosto, los abogados alquilaron un apartamento más grande y amueblado para dar albergue a otros nicaragüenses que huían del régimen. “Llegamos a albergar hasta ocho personas en el apartamento”, asegura Guerrero.

En el video aparecen sentados, de izquierda a derecha, Xochilt Vargas, Pablo Guerrero y el autoconvocado desaparecido Ervin Gallo leyendo un mensaje para Daniel Ortega


En una ocasión, cuenta, se movilizó junto a su pareja hasta la frontera hondureña para recibir a un joven que también huía de la represión. Ese día identificaron a un parapolicía «con una libretita, un lápiz y tomando fotos en la frontera hondureña», cuenta Guerrero.

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Un día después de identificar al parapolicía, un hombre llegó al apartamento que alquilaban, buscando “con nombres y apellidos”, a los dos abogados, por lo que tuvieron que desplazarse hacia la casa de una amiga de Vargas, donde permanecieron nueve días.

«Acudimos a Migración de Honduras, donde solicitamos asilo, les explicamos a las autoridades la situación, pero nos dijeron: si se pueden ir váyanse porque no tenemos un programa de protección para migrantes. Ahí fue cuando decidimos irnos a Guatemala», narra Guerrero.

34 días en Guatemala

El 13 de septiembre, Guerrero y Vargas pisaron suelo guatemalteco junto a otros cuatro nicaragüenses. Ahí contactaron a una organización de derechos humanos que los alojó en un albergue donde estuvieron hasta el 23 de agosto. “Ahí sí miramos bastante presencia de orteguistas”, recuerda el abogado, quien prefirió buscar otro lugar para refugiarse.

Guerrero y Vargas llegando a Guatemala junto a otros nicaragüenses. LAPRENSA/CORTESÍA

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Una vez que salieron del albergue, los abogados contactaron al organismo Comunidad Nicaragüense en Guatemala (CONIGUA), quienes los apoyaron con el depósito para rentar una casa.

Cuenta Guerrero que mientras estuvo con su pareja en la casa rentada se enteraron que personas orteguistas llegaron hasta la casa de la mamá de uno de los compañeros que viajaba con ellos para amenazarla y darle la dirección donde estaban rentando. “Le enseñaron una foto donde salíamos todos nosotros caminando y les decían que ya sabían que nosotros andábamos en Guatemala”, dice.

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Ante tal amenaza, Guerrero y Vargas decidieron una vez más huir. Esta vez la opción más cercana era México.

166 días en México

La pareja de abogados llegó el 18 de octubre 2018 a un albergue llamado Jesús El Buen Pastor, en Tapachula, México. Ahí ya contaban con el apoyo de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur). Pero eso no impidió, según Guerrero, que fueran localizados por fanáticos orteguistas.

“El encargado del albergue era un nicaragüense y, según investigué, trabajaba con el crimen organizado y se dedica al tráfico de personas”, relata Guerrero. “Ese día nos dio una mochila con dos tacos de coca y lo que decía era que sino pasábamos esa droga, podría vender a mi esposa”.

Xochilt Vargas ondea la bandera de Nicaragua junto a su pareja, Pablo Guerrero fuera de una iglesia en Guatemala. LAPRENSA/CORTESÍA

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La pareja contactó a Acnur y estos los trasladaron a otro albergue, pero esta vez en Ciudad de México. Ahí Guerrero también identificó a varios fanáticos del régimen. «Llegó una mujer pidiendo asilo, pero hablando muy bien de Ortega. Luego empezó a tomarnos fotos a todos en el albergue», recuerda.

Días después, según el abogado, varios sujetos «llegaron a acosarnos dos o tres veces, llegaban a asomarse por la ventana, como buscando a alguien. Eso lo asociamos con la mujer que nos tomó fotos».

Una vez más, Acnur vio el caso y trasladó a los abogados a otro albergue, en el estado de Saltillo. «Estando en Saltillo recibimos una amenaza de una mujer diciendo que íbamos a sentir el poder rojinegro. Entonces, desde ese momento, tomamos la decisión de tirarnos a Estados Unidos», relata el abogado, quien salió de México el 2 de abril de 2019.

Ese mismo día, Guerrero y Vargas se entregaron a las autoridades estadounidenses en Texas, para luego solicitar asilo político. Actualmente se encuentran a la espera de que les permitan defender su solicitud de asilo en una corte estadounidense.