La otra hija del general Augusto C. Sandino

Cuando Sandino todavía no era el General de Hombres Libres, le nació su primogénita, María Natalia Sánchez Sandino, producto de una fugaz relación con una “hija de casa” que había en el hogar de su padre. Esta es la otra descendencia del general.

María Natalia Sánchez Sandino era lo más parecido que podía haber al de su padre Augusto C. Sandino, el General de Hombres Libres. Foto: LA PRENSA/ Reproducción Uriel Molina.

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El rostro de María Natalia Sánchez Sandino era lo más parecido que podía haber al de su padre Augusto C. Sandino, el General de Hombres Libres. Mirada seria, rostro duro, ojos pequeños, mismas facciones. Podían tener una leve sonrisa, pero casi nunca reían. La misma forma de peinado.

Mercedes Sánchez Gaitán, madre de María Natalia, era una niña de 8 años de edad cuando llegó a la casa de Gregorio Sandino López, el padre del general, como una “hija de casa”. Era la costumbre que los pobres daban a sus hijos a los ricos como “hijos de casa”.

La niña creció en la casa de los Sandino hasta convertirse en una joven soltera de 27 años. El susto de don Gregorio fue ver a la muchacha embarazada. “¡Sócrates y Augusto! ¿Quién es el autor?”, preguntó iracundo. El hermano paterno de Sandino era el primer sospechoso por su fama de mujeriego. “No papá, no fui yo”, insistía Sócrates. Entonces la mirada del padre se dirigió hacia Augusto. “Mire papá, no metan a Sócrates, fui yo. Yo me voy a hacer cargo de ella”, dijo. Tenía 21 años de edad en ese momento.

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La escena la relata José Miguel Pavón Sánchez, después de oírla contar tantas veces en su casa de los labios de su madre María Natalia, la mujer que nacería en 1917 de ese embarazo y que sería la primera hija del general Augusto C. Sandino.

Mercedes Sánchez, según relató a sus hijos, fue llevada a El Portillo, la comunidad donde vivía su mamá, Rosario Sánchez, y ahí nació la hija de Sandino. Su partida de nacimiento no ha sido encontrada. Unos 15 años después, cuando ya era general, nació la segunda hija de Sandino, Blanca Estela, después conocida como Blanca Segovia, a quien procreó con la telegrafista Blanca Aráuz.

María Natalia Sánchez Sandino, la primera hija del general. Su semblante quedó triste después del asesinato de su padre. Su primer parto fue de gemelas, explica su hijo José Miguel, pero ambas fallecieron a los pocos días de nacidas. Foto: LA PRENSA/ Reproducción Uriel Molina.

Sandino y don Gregorio visitaban a la niña. La primera vez llegó solo don Gregorio y hasta revisó a la niña. “Es igualita a mi hijo”, dijo. Mercedes se escondía porque sentía vergüenza de los dos hombres que llegaban en hermosos caballos y era doña Rosario Sánchez, la mamá de Mercedes, quien atendía a los varones. Después de cada visita, doña Rosario lavaba un taburete de cuero en que se sentaba Sandino, porque lo dejaba impregnado de su perfume y la señora decía que era de mal agüero. Desde que salió de la casa de don Gregorio, Mercedes nunca más volvió a cruzar miradas con Sandino.

Cuando María Natalia tenía entre 4 y 5 años de edad, padre e hijo se la llevaron a vivir a Niquinohomo, en la casona de don Gregorio. No pidieron permiso ni preguntaron por Mercedes. Don Gregorio dijo que llegaban a llevársela argumentando que la niña no podía vivir en las condiciones en que estaban doña Rosario y su hija Mercedes. El dolor de las dos mujeres fue inmenso. Ese día Mercedes quedó llorando. A ninguna de las dos mujeres se les ocurrió poner denuncia. Así, María Natalia se crió en la casa del “Papito Goyo”, a como después llamaba a don Gregorio. Todo eso se lo contaba María Natalia a su hija Mercedes Pavón Sánchez, explica la hija de esta última, Lourdes Dávila Pavón.

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Y así también María Natalia no solo tenía el mismo rostro de su padre, sino que también tenían en común el haber nacido como hijos ilegítimos. Sandino había nacido de la relación extramarital de don Gregorio con Margarita Calderón. En ese tiempo los hijos nacidos fuera de matrimonio por ley llevaban el apellido de la madre primero, y por eso la niña fue bautizada como María Natalia Sánchez Sandino y el padre era Augusto Nicolás Calderón Sandino, pero él se firmaba Augusto C. Sandino.

Este documento es importante para los descendientes de general Sandino por la vía de su hija María Natalia Sánchez, porque registra el matrimonio religioso de ella con Arístides Pavón y allí se dice que ella es hija “del famoso guerrillero”. El registro está en el folio 33 del Libro de Actas de Matrimonio de Niquinohomo de los años 1928 a 1933. LA PRENSA/ Reproducción Uriel Molina.

El casamiento

A sus 17 años, María Natalia era una joven sencilla. En casa de su abuelo le pusieron una maestra para que aprendiera a bailar valses como El Danubio Azul y los Amores de Abraham. Siempre mantuvo buena comunicación con Sandino. La relación era de mucho cariño entre ambos.

En noviembre de 1933, tres meses antes de ser asesinado, Sandino llegó a Niquinohomo y preguntó a su hija:

—Natalita, ¿tenés novio?

—No papá.

—¿Enamorados?

—No papá.

—¿Estás segura?

—Sí.

—Entonces como vos no tenés novio te voy a casar con uno de mi Ejército, con Juan Ferreti.

—¿Cómo me va a casar con alguien que no conozco?

—Yo sí, y es mi hombre de confianza.

Juan Ferreti era uno de los más jóvenes en el ejército sandinista. Proveniente de Granada, Ferreti era blanco, ojos azules. Pero el corazón de Natalia estaba prendado del trompetista niquinohomeño Arístides Pavón Usaga y le tuvo que decir la verdad a su padre.

Según la versión familiar, tres veces mandó a llamar Sandino al joven músico, pero este no llegaba por temor al general quien siempre andaba armado. A la tercera llegó acompañado de su padre, Jacinto Usaga.

—Vos tenés buenas intenciones para mi hija.

—Sí.

—¿Estás seguro?

—Sí, pero yo no tengo para casarme con ella, solo civil.

—¿Cómo? ¿Que vos te vas a casar con mi hija solo civil? Si mi hija no es ningún animal, material, carta de venta. Desde luego te mando a hablar es porque yo te voy a dar todo y no te estoy preguntando si tenés o no dinero.

—Está bien general.

Una foto poco conocida del general Augusto C. Sandino (centro) bailando con su hermano Sócrates Sandino (derecha) en México en los años 20. Foto: LA PRENSA/ Reproducción G. Flores.

Ahí nomás le cosieron un vestido de novia. A las 5:00 de la mañana de un 21 de noviembre de 1933 se realizó el matrimonio civil, en la casa de don Gregorio. Y al día siguiente el padre Guillermo Keines, de la parroquia Santa Ana de Niquinohomo, unió ante Dios a los dos jóvenes. Así consta en el Libro de Matrimonios de esa parroquia. Los padrinos fueron don Gregorio y uno de los más reconocidos habitantes del pueblo, José Manuel Sandino, quien nada tenía que ver con los Sandino de don Gregorio.

Ese día sonó la vitrola de la casa de los Sandino y se armó la bailadera y se lanzaron cohetes, cuenta a LA PRENSA la nieta de ese matrimonio, Lourdes Dávila Pavón. Personas de edad avanzada en Niquinohomo, como doña Lastenia de Valerio, aún recuerdan el alboroto. María Natalia bailó hasta con Pedrón Altamirano, con todo el Estado Mayor y después con el general. Estuvo alegre la fiesta. Don Gregorio solo observaba, le daba gusto atender a los invitados. Eso sí, no fueron invitadas ni la mamita Mercedes ni la abuelita Rosario. Tampoco la Margarita Calderón. Solo personas de la alta sociedad de Niquinohomo.

Un marine norteamericano, comandante de Niquinohomo, quiso meterse en la fiesta de manera abusiva y tuvieron que sacarlo casi a la fuerza para evitar algún altercado.

Sandino le dio dinero a María Natalia para que se comprara una casa, pero con la mala suerte de que nadie quiso vender alguna propiedad en el pueblo. María Natalia después se hizo socia de su suegro, quien la convenció de invertir en la siembra de maíz, pero la cosecha fue usurpada por familiares del socio y la hija del general perdió el dinero que le había regalado su padre.

Una vida triste

No hay fecha precisa pero pudo ser un mes antes del asesinato. Sandino llegó por última vez a Niquinohomo. El general tenía un anillo hermoso, de oro, con sus iniciales, que lo había obtenido en su estadía en México y siempre lo llevaba puesto. Ese día se lo quitó y le quedó la seña en el dedo. Se lo entregó a María Natalia. “Tomá, para mi primer nieto varón. Voy a acuerdos de paz pero no sé qué siento”, dijo Sandino, y abrazó a su hija. Ella le reclamó que parecía una despedida. Él entonces la calmó diciéndole que ya estaba cerca el sueño de que la llevaría a vivir a Casa Presidencial, porque tenía la esperanza de ser presidente de la República, según los relatos que ella hacia a sus hijos.

El 21 de febrero de 1934 lo mataron. Como a las 2:00 de la madrugada del 22 de febrero María Natalia ya sabía la noticia. Ese día se apoderó de ella una gran tristeza. Pero también un gran temor. Imaginando que por ser hija del general la llegarían a matar, agarró una gran cantidad de cartas y telegramas que su papá le envió mientras peleaba en Las Segovias y lanzó toda la correspondencia a una letrina.

Arístides Pavón resultó ser buen esposo, pero con un defecto: el trago. Era un buen músico y nunca quiso tocar para la banda de Somoza. Después de la muerte de Sandino, Arístides hasta le pegaba a María Natalia. En una ocasión, como por corazonada, María Natalia buscó en su cofre el anillo que le había dado su padre. No estaba. Arístides confesó después que lo había empeñado donde Melba Sandino, una mujer de Niquinohomo que nunca se casó y que aún vive a sus 97 años, y que tampoco era de la estirpe de don Gregorio.

El general Augusto C. Sandino. Foto: LA PRENSA/ Reproducción Uriel Molina.

Arístides Pavón, en un momento en que estaba borracho, se fue en un pozo y se ahogó. La hija de Sandino quedó sola y con tres hijos: José Miguel, Arístides y Mercedes. Don Gregorio Sandino, ya un anciano en esa época, al ver la situación de su nieta le ofreció llevársela de nuevo a la casona, pero ya no como niña de casa sino para que se encargara de los quehaceres del hogar. María Natalia aceptó, pero no duró mucho tiempo y decidió abandonar esa casa y criar sola a sus tres hijos. El “Papito Goyo” le había prometido que le iba a dejar de herencia una propiedad, una parte de una finca que se llamaba San Agustín, pero lamentablemente murió sin dejar testamento, el 13 de febrero de 1947. Había nacido el 12 de marzo de 1868. Cuando murió, todavía andaba a caballo.

Siete años después de la muerte de su esposo, Natalia se volvió a enamorar. Esta vez se unió a Eliseo Conto con quien procreó a su cuarto hijo, Marco Sánchez Conto.

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El 4 de octubre de 1960, falleció de un infarto María Natalia, en Managua, en casa de su hijo José Miguel. Su destino final no podía ser diferente al de su padre. Tras varios años de estar sepultada en el Cementerio General de Managua, sacaron sus huesos y los enterraron con los de otros cuerpos sin que la familia lo supiera. Así, que nadie sabe dónde están los restos del general Sandino, tampoco los de su primera hija.

La versión de Walter Castillo Sandino

Blanca Segovia Sandino Aráuz es la hija de Sandino de su matrimonio con Blanca Aráuz, telegrafista de San Rafael del Norte, Jinotega. Blanca le dio cuatro nietos de su matrimonio con Enrique Castillo: Augusto, Rodolfo Antonio, Julio César y Walter. Rodolfo Antonio murió en Cuba, cuando lo arrolló un camión. Esta familia no acepta a María Natalia Sánchez Sandino como hija del general.

Walter Castillo Sandino dice sobre María Natalia: “Lo único que le puedo decir es que toda la vida de mi abuelo (Sandino) escribió más de mil documentos y no hay una sola palabra que mencione a esa tal hija. Para nosotros todo ha sido una especulación. Si fuera cierto para nosotros sería un gran honor. En el exilio no tuvimos familia”.

Sobre la inscripción de matrimonio en el que se dice que María Natalia es hija del guerrillero, Castillo Sandino alega: “Eso lo hicieron otras personas, a saber a qué conveniencia”, y agrega que la versión que ellos conocen es que María Natalia era hija de don Gregorio, quien para capearse se la adjudicó a Sandino, sabiendo que estaba lejos. Sobre la posibilidad de hacer una prueba de ADN, Walter dijo que “sería bueno, pero es cosa de ellos”.

José Miguel Pavón Sánchez es el primer nieto de Sandino. A él le debió quedar el anillo del general, pero se perdió. Tiene muchos recuerdos de cuando vivió en la casa de su bisabuelo Gregorio Sandino. Foto: LA PRENSA/ G. Flores.

Los cuatro hijos de María Natalia 

El “Papito Goyo”, don Gregorio Sandino López, nunca los llamó por sus nombres. José Miguel, el mayor, era el “muchachito grande”; Arístides, “muchachito chiquito” y Mercedes, “la muchachita”. Y solo ellos le llamaban “Papito Goyo”, porque los demás nietos, hijos de Asunción y Zoilamérica Sandino, le llamaban solo “Papito”.

Eran los tres primeros hijos de la hija ilegítima del general Augusto C. Sandino, María Natalia Sánchez. El cuarto, de una segunda unión, fue Marcos Sánchez Conto. Pero ya no conocieron al abuelo. Cuando andaban entre los 6 y los 12 años de edad vivieron en la casa de don Gregorio, quien se levantaba a las 4:00 de la madrugada para bañarse con agua amanecida, y después iba a despertar a los “muchachos” para que barrieran el patio. Arístides se resistía. “Vos mujer, este muchacho no te va a servir”, le decía don Gregorio a María Natalia. José Miguel era más activo.

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José Miguel recuerda que él era como el “guachimán” de la casa: ir a traer los periódicos, comprar la carne, barrer la casa, todo mandado era él. Cuando María Natalia decidió abandonar la casa de su abuelo, don Gregorio y su esposa, América Tiffer Delgado, le propusieron a José Miguel que se quedara y le iban a “dar todo”, pero el “muchacho grande” no quiso y se fue con su mamá.

Lourdes Dávila Pavón muestra una foto de su abuelo Arístides Pavón, esposo de su abuela María Natalia Sánchez Sandino. Ella es bisnieta del general Sandino y ya le ha dado tres tataranietos. Su madre, Mercedes Pavón, le encomendó hacerle misa todos los años a Sandino. Foto: LA PRENSA/ Uriel Molina.

Desde los 13 años José Miguel se convirtió en telegrafista y hasta llegó a ser jefe del Centro Telegráfico Nacional en los años ochenta. Pero, al igual que sus demás hermanos, nunca anduvo pregonando que era nieto de Sandino. Ese lugar quedó reservado, al menos públicamente, para los hijos de Blanca Sandino Aráuz, la hija legítima del general.

Los hijos de María Natalia Sánchez fueron apolíticos. No se unieron a ningún partido. Lourdes Dávila recuerda que su madre Mercedes Pavón lamentaba que los del Frente Sandinista (FSLN) usaban el nombre de su abuelo, pero nunca le mandaron a hacer una misa siquiera.

Una vez, José Miguel estuvo como a treinta metros de Anastasio Somoza García, el autor intelectual de la muerte de Sandino. Sintió algo porque se trataba del asesino de su abuelo, pero su madre les enseñó a todos que no debían guardar rencores y tampoco desear el mal a nadie. Cuando Rigoberto López Pérez mató a Somoza, en la familia Pavón Sánchez nadie se alegró por ello.

Este trabajo se publicó en LA PRENSA el 30 de septiembre de 2012.

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