La abolición es la solución

No es justo que los nicaragüenses estemos gastando anualmente casi 100 millones de dólares para mantener un ejército

unidos venceremos, Nicaragua

El discurso pronunciado por el jefe del Ejército, general Julio César Avilés, con motivo del 40 aniversario de la institución, en el que se declara obsecuente servidor de la dictadura Ortega-Murillo, nos coloca a muchos nicaragüenses y probablemente a muchos de los que pertenecen a esa organización armada, en una difícil disyuntiva. Ahora, al analizar su comportamiento, principalmente en el 2018 y después de la desafortunada intervención del jerarca militar, podemos tener una opinión ya consolidada sobre el Ejército.

Porque antes del discurso, algunos pensábamos que a pesar de ciertos desafueros de algunos miembros del Ejército, aún existía la posibilidad de depurarlo. Que se podría profesionalizar poniéndolo al servicio de la Constitución y de las leyes y no de una tiranía como la de los Ortega-Murillo o de cualquier otra clase de dictadura. Pero escuchando al jefe del Ejército parece que eso es imposible. La verdad es que históricamente nuestros ejércitos solo han servido para sostener a nefastas dictaduras (Zelaya, Somoza, Ortega) y en vez de defender al pueblo, al que se deben, pues es quien les paga con sus impuestos, lo que han hecho es reprimirlo salvajemente, llenando nuestros campos y ciudades de sangre, dolor y lágrimas.

No es justo que los nicaragüenses estemos gastando anualmente casi 100 millones de dólares para mantener un ejército que cuando ve que están masacrando a sus compatriotas, dirige la mirada hacia otro lado. Igualmente o peor es el caso de la Policía Orteguista (PO), que nos cuesta anualmente alrededor de 80 millones de dólares y que después de asesinar a ciudadanos inermes se burla impunemente de los familiares de sus víctimas. Con todo ese dinero que sale del Presupuesto Nacional se podría construir anualmente miles de casas, hospitales y escuelas para los más necesitados.

En conclusión: totalmente convencido de que la dictadura Ortega-Murillo pronto llegará a su fin y que tanto el Ejército como la Policía se hundirán con ellos, considero que a la caída del régimen habrá que refundar la nueva Policía Nacional, haciendo de esta última una organización que esté verdaderamente al servicio del pueblo y no de los espurios intereses de un partido o de una camarilla de corruptos, como funciona ahora. De lo contrario, estaremos incubando el advenimiento de nuevas dictaduras para el porvenir. Algunos países, como Costa Rica y Panamá, han demostrado que es posible hacerlo con excelentes resultados. ¿Por qué no podríamos hacerlo también los nicaragüenses? Estoy seguro de que con ese fin tendríamos amplio respaldo internacional que nos garantizaría la asistencia técnica necesaria para realizarlo y un futuro de paz y prosperidad para todos los nicaragüenses.

El autor es periodista y secretario general de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).

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