La unidad debe incluir hasta a quienes no queremos

Para que se caiga la dictadura de Daniel Ortega se necesitará incluso el esfuerzo de muchos de quienes hoy la defienden o consienten. En la guerra, un desertor vale por dos

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Unidad

Para derrotar a una dictadura como la que Daniel Ortega ha instalado en Nicaragua se necesita la unidad de todos los que no quieren estar bajo ella. Esa debería ser la principal premisa. Simple. La unidad no significa igualdad. Hay un propósito común. Ahí cabemos todos, incluyendo aquellos con quienes podamos tener profundas diferencias de pensamiento o de los rumbos que debe tomar la sociedad. Liberales, conservadores, renovadores, sandinistas e incluso quienes ahora mismo están con Ortega y mañana pueden desertar deberían ser bienvenidos.

Desertores

Dice Sun Tzu, en su Arte de la Guerra, que “si utilizas al enemigo para derrotar al enemigo, serás poderoso en cualquier lugar a donde vayas”. Para que se caiga la dictadura de Daniel Ortega se necesitará incluso el esfuerzo de muchos de quienes hoy la defienden o consienten. En la guerra, un desertor vale por dos. Porque no solo es un soldado menos en el bando contrario sino también puede ser un soldado más en el bando propio. Así que cuando veo a muchos exigiendo pureza de origen para “pelear contra Ortega” en realidad los veo haciendo esfuerzos, tal vez sin quererlo, para que no se vaya nunca.

19 de abril

Veamos un ejemplo. El 19 de abril fue posible porque un montón de muchachos que generalmente el Frente Sandinista usaba para reprimir las protestas de opositores, se negaron en primer lugar, luego se indignaron, y finalmente se rebelaron contra los que hasta pocas horas antes los usaban como “fuerzas de choque”. ¿Ya se olvidaron acaso de las imágenes de muchachos de la Prepa de León saltándose la barda con sus mochilas, huyendo de los dormitorios de la universidad para que no se los llevaran como siempre a apalear a los que protestaban? ¿O en la UNA de Managua? Un montón de testimonios de ese momento comenzaban: “Yo era simpatizante del Frente Sandinista hasta…”

Rafael Solís

Otro ejemplo. Rafael Solís. Cuando desertó “del lado oscuro” muchos en vez de acogerlo como una victoria propia, lo agarraron a pedradas. Es cierto: Solís tiene muchas cuentas que rendir y ya tendrá tiempo de dar las explicaciones de ellas. Lo que no podemos dejar de reconocer es que la deserción de Solís fue un duro golpe a Ortega. Ya quisiéramos más deserciones como esa. Si alguien más de ese nivel se la estaba pensando, seguro esperaba ver cómo le iba a Solís para tomar su decisión.

Opositores

Aunque suene extraño, hay opositores a quienes les conviene que Ortega se mantenga. Le llamo “oposición gatopardo”. Proponen tantos y tan radicales cambios, que al resultar inviables, nada cambia. Todo queda igual. Precisamente porque la oposición en la que se instalaron es una donde hay un “hombre fuerte” que les permite “oponerse” y tener sus espacios, siempre y cuando estén claros que el poder no está en juego. Este tipo de oposición no funciona fuera de Daniel Ortega y por eso los vemos, vamos a darles el beneficio de la duda, inconscientemente poniendo miles de pretextos para que no se dé la unidad que los sacaría del juego.

Zapadores

Están también los “zapadores” de la política. Los quintacolumnistas. Infiltrados. Aquellos que son mercenarios de Ortega y se ponen el disfraz de opositores para clamar por una unidad que los incluya con el único propósito de hacerla estallar cuando ya estén dentro.

Reglas claras

Dicho así parece imposible la unidad opositora. Solo en este par de párrafos de esta columna he hablado de aliados ideológicamente antagónicos. De opositores gatopardos que quieren que todo cambie para que no cambie nada. Y de zapadores, mercenarios de la política cuya misión es entrar y dinamitar desde adentro la posible unidad. El éxito de la unidad, sin embargo, no está en excluir todo lo que parezca sospechoso, porque al final no quedaría nadie, sino en definir desde temprano las reglas de juego. De tal forma que nadie se imponga desde su particular ideología, ni tenga la capacidad de sabotearla por conveniencia o encargo. Es difícil, sí. Imposible, no.

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