El terror que aferra al poder

Está a la vista que Ortega ha hecho lo impensable para mantenerse en el poder, perdiendo en el proceso cualquier viso de legitimidad que un día tuvo

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En la historia de la humanidad ha quedado en evidencia que a los dictadores les aterra un terror más grande que morir, es el terror de perder el poder. Tan fuerte es este terror, que se convierte en el único propósito de su propia existencia, por eso cualquier medio para mantenerlo, por más horrible que sea, vale la pena porque justifica su fin.

Vemos, por ejemplo, en Bolivia como Evo Morales se burló de un referéndum constitucional —que perdió en el 2016 por un NO del 51.3 por ciento— so pretexto de una espuria y acomodada resolución de un poder judicial que él controla, tal como lo hizo Ortega para poder presentarse como candidato en el 2011, a contrapelo del artículo 147 de la Constitución que claramente prohibía la reelección presidencial consecutiva.

Más recientemente, en las pasadas elecciones de Bolivia, Morales cometió un fraude a todas luces con tal de ganar con un margen mayor al 10 por ciento constitucional y así no tener que enfrentar una segura derrota en balotaje, ya que esta se podía adivinar con el resultado del referéndum y con el anuncio de que toda la oposición se uniría contra él en una segunda vuelta. 13 años en el poder no le han sido suficientes.

Y como la memoria de los pueblos es efímera, la organización de las Madres de Abril (AMA) ha lanzado en la UCA un museo para dignificar la memoria de las víctimas de la dictadura Ortega-Murillo que nos recuerda diariamente lo que es capaz una dictadura por el terror que aferra al poder.

Es un museo lleno de paz y desde el techo cuelgan las fotos y tristes recuerdos de cientos de jóvenes que murieron víctimas de certeros disparos mientras no participaban en una intentona de “golpe de Estado”, sino de cívicas y masivas protestas enarbolando la bandera azul y blanco de Nicaragua y cantando las notas sagradas de nuestro himno nacional, mientras irónicamente, contrario a su bella letra de paz, el pabellón era manchado nuevamente con la sangre de hermanos.

Debo decir que me impresionó mucho el museo “Ama y no Olvida” por más de 300 buenas razones y recomiendo que sea visitado por todos, para que cada quien las tenga presente cuando nos toque definir el rumbo de este país. Preferiblemente será en gran unidad para que no haya posibilidades ni tentaciones de una segunda vuelta, como el caso de Evo Morales.

Está a la vista que Ortega ha hecho lo impensable para mantenerse en el poder, perdiendo en el proceso cualquier viso de legitimidad que un día tuvo. Nosotros tenemos la obligación moral y patriótica de hacer lo impensable por alcanzar la libertad. Los heroicos jóvenes, cuyas fotos cuelgan del techo del museo “Ama y no Olvida”, nos lo recuerdan.

El autor es periodista, exministro y exdiputado.

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