Julio Montenegro: “Casi me matan cuando me negué a ser parte del Servicio Militar en los años ochenta”

El abogado, ex-aspirante a sacerdote y periodista de 57 años, revela que uno de sus sueños no cumplidos es ver a una Nicaragua “diferente”.

Abogado Julio Montenegro, representante de la organización Defensores del Pueblo. Foto: Oscar Navarrete/ LA PRENSA.

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El matagalpino ha representado legalmente a docenas de presos políticos de la dictadura de los Ortega Murillo, pero se describe como introvertido. No es bueno para bailar, pero se ha movido al ritmo del Break Dance. Si pudiera pedir un deseo, sería ver un mundo “armonioso y sin violencia”.

¿Cómo se describiría en tres adjetivos?
Introvertido, hablantín y conservador.

¿Qué lo pone nervioso?
Las cosas que no son correctas.

¿Algún talento oculto?
Reparo radios, televisores y abanicos.

¿Qué comida no puede rechazar?
Un nacatamal con rico tocino.

Música favorita para bailar.
No soy bueno para bailar, pero me gusta la música instrumental o la clásica.

Si no fuera abogado, ¿qué sería?
Sacerdote o periodista.

¿Qué quería ser de adulto cuando era niño?
Médico.

Si le concedieran tres deseos, ¿qué pediría?
Tener completa a mi familia y que tuvieran entre los 25 o 30 años (ríe), que todo el mundo tenga lo suficiente como para no vivir necesidades y un mundo armonioso y sin violencia.

¿En qué época le hubiese gustado vivir?
Pienso que Dios me puso en esta época para cumplir una tarea; entonces, sería la misma.

¿Qué es lo más loco que ha hecho?
Bailar Break Dance.

¿Ha estado a punto de morir?
En dos ocasiones. En 1981 tuve un grave accidente cuando viajaba a Masatepe, estuve hospitalizado más de un mes. Además, casi me matan cuando me negué a ser parte del Servicio Militar en los años ochenta. Me agarraron unos militares cuando intentaba cruzar la frontera de Nicaragua con Costa Rica.

¿Qué ha sido para usted lo más duro en estos meses de crisis?
El impacto emocional que me ha causado ver tanto sufrimiento. Soy de las personas que vive lo que les pasa a los demás y experimenta el sufrimiento de los otros.

Un sueño no cumplido.
Ver una Nicaragua diferente.

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