10 cosas que quizá no sabías sobre el cerebro de Rubén Darío

Tras la muerte de Rubén Darío inició una macabra disputa por su cerebro. ¿Cuánto duró la extracción? ¿Cuánto pesó el órgano del poeta? Y lo más importante... ¿dónde se encuentra?

Rubén Darío, Nicaragua, poesía

Es posible que la autopsia de Rubén Darío, fallecido en León el 6 de febrero de 1916, sea la más célebre de las que se han practicado en Nicaragua. Esto se debe a que luego de su muerte su cerebro fue objeto de una macabra disputa que dio pie a numerosos mitos.

1. Medidas. Al momento de ser extraído, pesó 1,415 gramos. Además, tenía 18 centímetros de longitud y 15 centímetros de anchura. El procedimiento duró tres horas.

2. Disputa. Tras la muerte del poeta, su cerebro fue reclamado por tres personas: la viuda, Rosario Murillo; el cuñado, Andrés Murillo, y el doctor Luis H. Debayle.

3. Tarde. La extracción del cerebro de Darío se realizó en la madrugada del 8 de febrero de 1916, dos días después de su fallecimiento.

4. Galletas. Algunos estudiosos darianos afirman que, tras su extracción, el cerebro fue depositado primeramente en una caja de galletas.

5. Decomisado. Durante un forcejeo por el cerebro, este rodó por el suelo y un oficial se lo llevó a la Dirección de la Policía, en León. Un par de horas después fue entregado a la viuda Murillo, por órdenes del presidente Adolfo Díaz.

6. Médicos. Los encargados de la extracción fueron Luis H. Debayle, amigo cercano de Darío, y Escolástico Lara. El doctor Salvador Pérez Grijalba participó como ayudante y fue él quien recibió en sus manos el cerebro del poeta.

7. Venta. Aparentemente la viuda de Darío intentó venderlo a una institución de Estados Unidos, para su estudio y conservación.

8. Mentiras. Más de 400 personas, en León y otros lugares, se atribuyeron a sí mismas o le atribuyeron a sus familiares el haber tenido en sus manos o al menos haber visto alguna vez el cerebro del poeta, según hallazgos de Armando Zambrana Fonseca.

9. Intercambio. La tarde de ese 8 de febrero, durante los funerales del poeta, el doctor Luis H. Debayle le ordenó al doctor Grijalba que consiguiera un cerebro que pudiera ser intercambiado por el del poeta. Consiguieron el de una mujer somoteña y se cree que ese fue el que la viuda le entregó a un médico de Granada para que lo estudiara.

10. Destino. De acuerdo con el doctor Salvador Pérez Grijalba, el verdadero cerebro de Darío “nadie lo tiene” y “está donde debe estar”, en su tumba en la catedral de León.

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