Si oposición política divide el voto, Daniel Ortega puede ganar las elecciones en 2021, advierten analistas aún con elecciones justas y transparentes

Daniel Ortega tiene la posibilidad de quedarse en el poder en el proceso electoral de 2021 si la oposición no se consolida en un solo bloque. Ortega puede ganar con solo obtener mayoría de votos, según lo establece la Constitución Política

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El dictador Daniel Ortega mantiene el ataque al sector empresarial. LA PRENSA/Archivo

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La consolidación de un bloque único opositor que se enfrente al dictador Daniel Ortega en las elecciones presidenciales de 2021 es un requisito indispensable para conseguir una victoria rotunda, de lo contrario, si impera la división en la oposición y no logra conformar una Gran Coalición, Ortega  en caso que vuelva a postularse como candidato del FSLN podría instaurar su cuarto mandato consecutivo, explican analistas consultados por LA PRENSA.

El exdiplomático Julio Icaza considera que no solo es necesario ganar la elección por mayoría, sino que se necesita una mayoría calificada, es decir, ganar un número de escaños en la Asamblea Nacional, superior al 60 por ciento de diputados, para deshacer las reformas constitucionales de 2014 y recuperar el control de las instituciones del Estado.

De lo contrario, Ortega seguiría en control de todos los poderes del Estado, por eso la unidad es imperativa para salir de la dictadura. “Y el fracaso de la unidad no sería responsabilidad de uno o de dos, sería responsabilidad de todos”, sentencia.

Con las reformas de 2014, Ortega allanó su camino para consolidarse en el poder de una forma sencilla, ya que antes, la Ley Electoral planteaba que para que el presidente y vicepresidente resultaran electos necesitaban obtener mayoría relativa al menos el cuarenta por ciento de los votos válidos, salvo el caso de aquellos que habiendo obtenido un mínimo del 35 por ciento de los votos válidos superen a los candidatos que obtuvieron en segundo lugar por una diferencia mínima de cinco puntos porcentuales.

Sin embargo, actualmente la Constitución Política establece que “la elección del Presidente y Vicepresidente de la República se realiza mediante el sufragio universal, igual, directo, libre y secreto. Serán elegidos quienes obtengan la mayoría relativa de votos” se lee en el artículo 146. Es decir, que si las elecciones de 2021 se realizan bajo el esquema actual, y la oposición divide el voto, el escenario más probable es que Ortega se consolide en el poder por otros cinco años.

Lo que suceda en el 2021 podría ser como repetir la historia, específicamente lo que sucedió en el proceso electoral de 2006, cuando Ortega se enfrentó a una oposición dividida, que facilitó su retorno al poder, después de 16 años de “gobernar desde abajo”, que fue su sentencia al perder ante la Unión Nacional Opositora (UNO), liderada por Violeta Barrios de Chamorro.

La oposición en el 2006 la disputaban Eduardo Montealegre con la Alianza Liberal Nicaragüense, que obtuvo el 29 por ciento de los votos, y el candidato por el Partido Liberal Constitucionalista (PLC), José Rizo, se alzó con el 26.21 por ciento; si ambas fuerzas se hubiesen unido sumarían más del 50 por ciento de los votos. Ortega hubiese salido derrotado por cuarta ocasión.

Ese antecedente lo recuerda el exdiplomático ante la Organización de Estados Americanos (OEA) Edgard Parrales, y lo resume en una frase: “si se hubieran unido los liberales hubieran obtenido más de 50 por ciento, divididos el asunto terminó en un desastre”.

Parrales agrega que es imprescindible realizar las reformas electorales que garanticen el voto de la población, que refleje el sentir del pueblo, pero estará por verse si la presión internacional es suficientemente fuerte para que el gobierno tenga que hacer los cambios que son imprescindibles.

El exdiplomático explica que aún con todas las reformas electorales se hace necesario demostrar de una manera contundente la verdadera realidad del orteguismo de cara a la voluntad popular, y eso se logra por medio de una derrota “aplastante” que se deberá reflejar a través de un único bloque opositor.

Si no fuera por el abstencionismo y los fraudes electorales de los últimos años, Ortega durante años no pudo ganar con más de la mitad de voto de la población y eso fue lo que empujó a negociar con el Partido Liberal Constitucionalista (PLC) un pacto que le permitió rebajar los porcentajes de votos requeridos para gobernar Nicaragua y llegar al poder en el 2007, situación que se agravó por la división de la oposición.

Ortega intentará dividir, vienen maniobras

El analista político José Dávila considera que si se hacen las reformas necesarias para un proceso electoral libre, como la garantía del conteo de votos, la observación nacional e internacional, entre otros, la oposicion debería ir unida para enfrentar y reflejar la voluntad del pueblo contra Ortega.

«Para ello debe haber una sola fórmula presidencial de la oposición, tener un candidato que unifique a todos los sectores y que pueda hacer el otro polo a la dictadura de Ortega -que todo hace indicar que van a volver a proponerlo de candidato-, por supuesto, el gobierno trata de dividir, vienen maniobras del gobierno para dividir por medio de las personerías jurídicas, por medio de engaños, de filtración, (…) sin embargo, la oposición debe tener clara que solamente unidos hay una posibilidad de éxito (…)», expresa.

Un espejo llamado Bolivia

Un escenario similar al de Nicaragua enfrenta la oposición de Bolivia ante el próximo proceso electoral, que se desarrollará el 3 de mayo en ese país. Los principales opositores al Movimiento al Socialismo (MAS), partido de Evo Morales (aliado de Ortega), que renunció a la presidencia en el 2019, después que la población demandara su salida por cometer fraude electoral, y contara con el apoyo de las fuerzas policiales y militares, no logran unificar un bloque opositor.

Según un reporte de El Clarín, Luis Arce, por MAS, contabiliza el 26 por ciento de intención de voto, mientras que Carlos Mesa y Luis Fernando Camacho puntean un 17 por ciento, y por debajo, la actual presidenta interina, Jeanine Áñez. Juntos rebasan a MAS, pero la ausencia de consenso no vaticina un escenario favorecedor para la victoria opositora. Dicha encrucijada es similar a la que enfrentan los grupos nicaragüenses.

Para el exdiplomático Icaza, Ortega sabe que en unas elecciones limpias no tiene forma de ganar. «Por eso buscará mantener el control sobre el aparato electoral para hacer fraude y dividir a la oposición. No veo forma de que limpiamente recupere ese 38 por ciento que ha sido su base histórica, no después del 18 de abril. Por eso tratará de mantener el control de las instituciones en caso que tenga que entregar la Presidencia para seguir gobernando «desde abajo» como hizo en 1990″, indica.

Alianza debe apresurar el paso

Pese a que la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia ha presentado propuestas de reformas constitucionales y junto a la Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB) ha llamado a la creación de la Gran Coalición Nacional, camina a paso lento. El exdiplomático Edgar Parrales indica que la coalición debió estar conformada hace rato, él cree que la razón de fondo para que la Alianza no se abra de una manera plena, espontánea, es quizás por el peligro que grupos emergentes logren «irse arriba» en la orientación de la Alianza, y le den a la lucha un sesgo diferente.

Pero ese riesgo se debe de correr, explicó Parrales, porque en todo caso, en una gran Alianza, los distintos grupos estarán en igualdad de condiciones para conformar una conducción unificada y confiar que prevalezca el amor patrio sobre intereses individuales e ideologías. Para Icaza la estrategia es sencilla: «unir todo lo que se pueda, evitando los caballos de Troya», «Si fracasamos, fracasamos todos», advierte.

Para Dávila la unidad debe buscarse alrededor de un punto en concreto, y ese corresponde a las reformas. «Si la unidad total la buscamos alrededor de las reformas se va a venir muchísima gente, incluyendo estos partidos que están en la Asamblea Nacional, porque a ellos también les convendría».

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