Nayib Bukele, de popular a populista

Todo lo que había ganado el presidente Nayib Bukele, ante los ojos de un demócrata independiente, lo agotó el domingo pasado con un derroche de autoritarismo y populismo trasnochado

anuncio de la Coalición, Nicaragua, oposición

Mal presagio para una democracia incipiente es el ingreso de militares armados para la guerra a un poder legislativo independiente, con un presidente popular devenido en mesías populista para “persuadir” de esta forma a los diputados, para que le aprueben con urgencia un préstamo, por más justificado que este sea.

Todo lo que había ganado el presidente Nayib Bukele, ante los ojos de un demócrata independiente, lo agotó el domingo pasado con un derroche de autoritarismo y populismo trasnochado, irrespetando la institucionalidad, tratando por la vía militar de recortar el camino para lograr sus objetivos —los que no están en discusión en este artículo— porque en todo caso, el fin no justifica los medios.

Si no le gusta al presidente Bukele la forma en que trabajan los diputados en la Asamblea Legislativa, debería de enfocarse en cómo ganar las elecciones legislativas y municipales previstas para el próximo año en El Salvador y no “persuadirlos” con el cañón de los fusiles en un acto que recuerda otras épocas y otros líderes mesiánicos que también en su momento fueron embriagados por su popularidad y el poder, como Hugo Chávez Frías… y miren hacia dónde condujo a Venezuela.

Yo mismo aplaudí el triunfo de Bukele y los primeros pasos de su mandato, pero el espectáculo del domingo pasado no puede pasar desapercibido en la distancia, ni en la cercanía de Nicaragua, mucho menos en el propio El Salvador, donde el prestigioso medio digital independiente El Faro tituló el lunes 10 en un editorial “Maneras de dictador”. Dice El Faro: “El delirante espectáculo del Presidente Nayib Bukele, que este domingo usurpó el curul del presidente de la Asamblea y amenazó con disolverla, rodeado de militares fuertemente armados y policías antimotines con escopetas al frente, y deslegitimando el papel de la Sala de Constitucional, es el momento más bajo que la democracia salvadoreña ha vivido en tres décadas”.

El director ejecutivo de Human Rights Watch para las Américas, José Miguel Vivanco, condenó el hecho aseverando “que el Presidente Nayib Bukele ha hecho un show de fuerza bruta que justifica una reunión urgente de la OEA”. El diputado salvadoreño Ricardo Velázquez Parker afirma que Bukele ha ignorado flagrantemente el artículo 125 del órgano legislativo, que dice lo siguiente: “Los diputados representan al pueblo entero y no están ligados por ningún mandato imperativo. Son inviolables y no tendrán responsabilidad en tiempo alguno por las opiniones o votos que emitan”. En suma: el poder legislativo es independiente.

Lo que pudo haberse arreglado por medio de un diálogo franco entre los poderes del Estado, ha escalado innecesariamente en un conflicto institucional que amenaza seriamente la democracia salvadoreña. Ojalá impere la sensatez.

El autor es periodista, exministro y exdiputado.

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