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La Iglesia católica y el diálogo

El nuevo obispo presidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, monseñor Carlos Herrera, dice en una declaración exclusiva al diario LA PRENSA que  la Iglesia católica espera que “la situación difícil” que hay en Nicaragua, con “un pueblo que está fraccionado, dividido”, se pueda resolver mediante el diálogo.

“Esperamos que haya un diálogo para ver qué se pueda lograr. El primer paso es un diálogo y esperamos que podamos salir de esta situación difícil tanto para uno como para otro”, expresó el también obispo de la diócesis de Jinotega en su declaración publicada este lunes 22 de noviembre.

Monseñor Herrera manifestó que “la Iglesia católica siempre está proponiendo y opta porque el diálogo es lo mejor. Si nos piden ser mediador en ese diálogo, estamos dispuestos a colaborar porque la Iglesia lo que quiere ante todo es un entendimiento, una paz, una armonía, un proceso por el bien de todos, con democracia y con el bien de todos.”

El presidente de la Conferencia Episcopal sostiene con firmeza este criterio, a pesar de que la Iglesia católica de Nicaragua no salió bien parada de su participación como mediadora y testigo en el diálogo nacional de 2018. 

En aquella ocasión, los obispos quisieron ayudar a encontrar una salida democrática a la sangrienta crisis política que estalló en abril de ese año. Pero el resultado fue que no se resolvió la crisis y  el régimen desató una campaña de odio, hostigamiento y persecución contra los representantes de la Iglesia católica,  que hasta ahora no termina.

Recordando y valorando aquel fallido diálogo nacional y sus consecuencias, el ahora exiliado obispo auxiliar de Managua, monseñor Silvio Báez, dijo dos años después al medio digital Artículo 66 que “en aquel momento podemos decir que nos equivocamos, que quizás fuimos ingenuos, pero el diálogo de hace dos años era la única salida posible, por lo menos desde una visión sensata. Por eso los obispos nos arriesgamos a ser mediadores en aquel Diálogo Nacional, pero cuando una de las partes no está presente con transparencia, buena voluntad  y deseo de encontrar soluciones, los diálogos fracasan”.

Seguramente por eso fue que la Iglesia católica se abstuvo de participar como mediadora y testigo en el siguiente diálogo, que se realizó en 2019 en el Incae, y el cual, a pesar de que produjo buenos acuerdos en la práctica también fracasó por falta de voluntad e incumplimiento de la parte gubernamental. 

Como se debe recordar, en el diálogo del Incae el cardenal Leopoldo Brenes acompañó al Nuncio Apostólico, monseñor Waldemar Stanislaw Sommertag, en el acto de inauguración, pero luego se retiró y la Conferencia Episcopal declaró que debían ser los laicos los que resolvieran la crisis. Sin embargo,  a pesar de los buenos oficios del Nuncio y del representante del secretario general de la OEA, Luis Ángel Rosadilla, el segundo diálogo también fracasó porque el gobierno no cumplió los acuerdos logrados en las negociaciones políticas.

La crisis continúa y se ha agravado. El régimen está más aislado que nunca, solo  lo apoyan regímenes autoritarios como los de Cuba, Venezuela, Rusia, Irán y Corea del Norte. Las perspectivas del país con el actual régimen son oscuras e inciertas. 

Tal vez en su interior Ortega es consciente de eso  y por eso ha hablado de un nuevo diálogo después de enero próximo. Si fuera cierto y si el régimen actuara esta vez con la transparencia, buena voluntad y deseo de encontrar soluciones que según monseñor Báez no tuvo antes, la Iglesia como ha dicho el presidente de la Conferencia Episcopal podría ayudar a que tenga éxito.

Y a lo mejor se cumpliría el viejo refrán de que la tercera es la vencida. 

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